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Viven los discapacitados un calvario en el centro
Alejandro Castañeda
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10 de Octubre del 2018 05:00 hrs
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Miguel Alvarado / Las escaleras son un obstáculo insalvable para las sillas de ruedas.

ZACATECAS.- Los edificios del primer cuadro de la ciudad, al igual que las plazuelas y hoteles, son de difícil acceso para las personas con alguna discapacidad, por lo que andar en el Centro Histórico se vuelve toda una odisea.

La mayoría de los edificios por su condición histórica tienen escalinatas que complican el acceso de las personas con discapacidad.

En el Teatro Fernando Calderón aunque se realizaron algunas adecuaciones para facilitar el acceso, es casi imposible ingresar si las personas discapacitadas no van con algún acompañante.

Lo mismo ocurre en el Palacio de Gobierno, que aunque ya no se da atención primordial en este lugar, la segunda planta donde se concentra la Crónica del Estado sigue siendo inaccesible en silla de ruedas o andador.

Los hoteles no se quedan atrás, ya que el personal de recepción tiene que solicitar el apoyo de más trabajadores para que las personas en sillas de ruedas puedan llegar a sus habitaciones.

Los recintos culturales como la Ciudadela del Arte, los museos Zacatecano, Rafael y Pedro Coronel también son de difícil o limitado acceso.

Los visitantes o zacatecanos con alguna discapacidad necesitan el apoyo para poder desplazarse en las plazuelas o jardines, ya que la condición de patrimonio mundial impide que se hagan adecuaciones, han informado las autoridades.

El solo desplazarse por las calles del Centro Histórico también se vuelve una misión extrema, ya que la inconsciencia de automovilistas que bloquean las rampas de acceso, o las angostas calles hacen que las personas bajen a la calle.

Lo mismo ocurre cuando hay vigas o andamios en construcciones, lo que pone en riesgo la integridad de las personas con discapacidad.

El drama de todos los días

María Concepción es una de las cientos de personas con discapacidad que viven en el Centro Histórico, aunque se ha acostumbrado a lidiar con las adversidades de la vida, asegura que la vida no es fácil para ella.

“Hay que reconocer que se ha logrado tener un avance, pero no es suficiente, la vida para nosotros los que tenemos una discapacidad es muy complicada”, asegura.

Para poder realizar sus actividades cotidianas tiene que enfrentar numerosos puntos de imposible acceso y asegura que sin ayuda sería imposible su movilidad.

“Me ayuda mi pareja y mis hijos, pero si ellos no están yo prefiero no salir, no solo los discapacitados sino cualquier peatón puede encontrar que las banquetas se acaban, hoyos o simplemente no hay forma de cruzar la calle”.

El abandono no es solo del gobierno, sino de la ciudadania que no respeta los accesos y rampas.