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Historias de Lobos
Mi delito... equivocarme
Ivonne Nava García
~
07 de Octubre del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Imagen / Una mujer trató de rehacer su vida luego de una pérdida; no sabía lo que pasaría después.

Una joven mujer, madre de dos pequeñas de tres y un año, sufrió la pérdida de su esposo y padre de sus hijas cuando fue atropellado por un tráiler mientras trabajaba. Recibió una indemnización por este lamentable hecho. Sin embargo, ella trató de rehacer su vida iniciando una nueva relación de pareja sin imaginar que esto la haría vivir la peor pesadilla que una madre podría vivenciar.

Los antecedentes

Encontró apoyo en un hombre que tenía antecedentes penales por los delitos de lesiones y robo calificado. Ella lo conoció cuando él se encontraba aún preso. Ella asistía al Cereso a visitar a un pariente. Ahí comenzó a frecuentar a este sujeto a quien le faltaba solo un año y medio de compurgar su condena. 

A ella no le pareció grave lo anterior, tampoco le dio importancia al hecho de que él hubiera sido adicto a los inhalantes y a la marihuana, tampoco consideró que fuera la tercera vez que este sujeto padecía una sentencia privativa de su libertad, las dos anteriores una por tentativa de violación y la segunda por lesiones dolosas.

Me dijo que ya estaba cambiado, que estaba arrepentido de todo lo que había hecho. Me juró que jamás volvería a estar en la cárcel y yo le creí. Me daba mucho miedo un tatuaje que tenía en un brazo, era como un dragón con muchas cabezas. Pero me dijo que en cuanto saliera se lo iba a quitar, aunque se tuviera que arrancar el brazo, que lo haría por mí.

Cuando salió se puso a buscar trabajo, pero nadie lo quería emplear por sus antecedentes, yo hasta ese momento no sabía que ya había estado en la cárcel otras dos veces. Hasta hoy sé que una de esas fue porque trato de violar a su prima.

Yo estaba muy clavada con este chavo, para mí era como lo máximo porque se portaba muy bien conmigo y ya conocía a mis hijas y las quería mucho. Yo pensaba que era como un premio que me mandaban”. 

Con el dinero que me dieron de mi esposo pusimos una taquería. Era un “tabaretito” en la esquina de la casa. Nos iba más o menos. En el día limpiábamos las tripas y hacíamos las salsas y ya en la nochecilla nos poníamos a vender.
 
Se empezó a juntar con los del barrio 

Como vendíamos de noche se empezaron a juntar unos vecinos ahí en la taquería, le sacaban plática y poco a poco se fue desentendiendo de la venta. Me dejaba a mi sola y se me hacía difícil porque me llevaba a las niñas. Como podía sacaba la venta.

Empezó a pedirme de la venta para comprar cervezas. Yo le decía que no que se estaba gastando lo de la ganancia. El me empezó a gritar que le diera el dinero y yo se lo daba.

Drogas y excesos 

Empecé a notarlo raro, se veía muy descompuesto y los ojos muy rojos. Le daba mucha hambre y andaba como enojado.

Dormía mucho porque llegaba todos los días como a las cinco de la madrugada muy borracho, me levantaba a darle de cenar y luego quería que tuviéramos intimidad. En ese aspecto lo empecé a notar muy lascivo o sea quería hacer cosas muy feas y yo no me dejaba. Una vez me dijo que si no las hacía seguro encontraría quien se las hiciera. Yo no quería muy bien, pero si me daba miedo de que fuera a buscar a las prostitutas.

Cambio total 

Como él estaba muy crudo y desvelado para levantarse temprano yo sola me encargaba de todo. Ya no me ayudaba con lo de los tacos. Empezó a estar enojado todo el día. Me peleaba por todo y a las niñas las empezó a regañar y les gritaba muy feo. Como yo me tenía que encargar de la casa y de la taquería me las arreglaba como podía.

La niña más grande no estaba todavía en el kínder y la chiquita menos. Yo a veces me salía muy temprano para el mercado para surtir y dejaba a las niñas dormidas. Cuando regresaba todavía los encontraba dormidos a todos.

Miedo

La niña de tres años empezó a tenerle miedo no se le quería acercar para nada. Para esos días note que cuando me salía al mercado y regresaba la niña ya había despertado y estaba lloroncilla.

Yo creía que era porque él estaba muy regañón. La más chiquita si le tenía miedo pero no tanto como la más grande.

Yo no notaba nada, solo eso. Pero como no quería hacerlo enojar pues no le preguntaba nada. Que le iba a andar diciendo. Yo si lo quería mucho, no sé porque me falló así. 

Qué sucedió 

Ese día me salí como a las 7 de la mañana al mercado, fui a traer la verdura para los tacos. Me tardé a lo mucho una hora. Cuando iba llegando a la casa escuché a una de las niñas llorando a gritos, era la más grande. La más chiquita estaba en la cama, pero estaba bañada de sangre y estaba desmayada sin su pañalito. 

Mi hija la más grande también tenía sangre y las dos tenían sus boquitas moradas y sus cachetitos mordidos. 

Yo quise despertar a la mas chiquita pero la vi muy mal, pensé que estaba muerta. No sabía que estaba pasando, ni lo que había pasado. Yo le gritaba por su nombre a ese maldito, pero no me contestaba… ya no estaba en la casa. Cuando no lo vi presentí lo peor. Salí corriendo a gritar ayuda y un vecino le llamó a la ambulancia. 

Llegaron, se llevaron a mis hijas al hospital. No sé quién le llamó a la policía pero me querían llevar a mi detenida porque pensaban que yo les había hecho eso a mis hijas. 

Salieron los vecinos y una vecina dijo que había escuchado gritar muy feo a las niñas y al maldito ese gritarles que se callaran. Dijo que lo vio salir casi corriendo de la casa y que pensó que nos habíamos peleado.

Valoración médica

Ambas niñitas fueron agredidas sexualmente. Presentaban lesiones severas que pusieron en peligro sus vidas. Más la niñita pequeña, quién permaneció quince días interna en el hospital.

Valoración psicológica

Se detectó en ambas menores signos y síntomas de haber sido víctimas de agresión sexual. Las niñas presentaban una afectación emocional seria.

Aunque ambas no alcanzan por su edad y desarrollo a comprender el hecho como tal. 

Las menores asimilan el hecho como una agresión física sin la connotación sexual.

“mi papi me pegó muy fuerte y me sacó mucha sangre… porque mi papi me pegó tan recio?”.

La  versión del sujeto

“Yo ni estaba en la casa, su madre se salía y ahí dejaba a las niñas solas. Dígame que madre se va al mercado y deja a sus hijos solos. Todo eso que dicen que yo les hice no es cierto. Y de la otra violación de mi prima tampoco es cierto. Esta gente nomás me quiere perjudicar. Yo le hice el favor de “levantarla” así como esta viuda y con dos chamaquitas. Si le pasó eso es porque esas chamacas se lo han de haber buscado. No dejaban de chillar. Ese día no sé… otros días quiero decir que no se callaban eran bien chillonas.”

Este sujeto está compurgando una sentencia de 22 años de prisión. Un asunto por demás terrible. Cuando uno valora a víctimas con ese tipo de daño y a los sujetos que fueron capaces de provocarlo entonces cabe la reflexión sobre si la pena sea demasiado corta con relación al daño que causó. 

¿Estar a favor de la pena de muerte?... palabras de mucho peso y con muchas implicaciones morales. Para el caso en particular no existe ningún tipo de atenuante ya que el sujeto presenta un trastorno antisocial de la personalidad, reúne los criterios compatibles al perfil del agresor sexual y es multireincidente de los mismos delitos.