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El Día del Señor
La opción por Jesucristo
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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26 de Agosto del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / La cercanía con Jesucristo hace al hombre más fuerte y digno del reino de Dios.

Hermanos: Con el evangelio de hoy en el capítulo sexto de San Juan, estamos completando la reflexión contemplativa y asimilativa, del discurso de Jesús acerca del “Pan de la Vida”.

Efectivamente, esta exposición la hemos venido conociendo desde hace cuatro domingos y en este domingo concluimos la parte final. En el texto de este domingo, se describen dos reacciones un tanto contrapuestas a todo el discurso de Jesús sobre el pan de vida, que es él mismo, su propia carne y sangre: reacción negativa una y reacción positiva la otra.

La pregunta final de Cristo sobre una decisión a favor o en contra de él, es la disyuntiva entre la fe y la incredulidad. Por la fe optarán los Doce Apóstoles por boca de San Pedro, y por la incredulidad, la mayoría del pueblo y demás discípulos que seguían a Jesús.

Es la gran situación de crisis y prueba definitoria, con las que, según San Juan, termina el ministerio profético de Jesús en tierras de Galilea.

Las reacciones ante el discurso de Jesús sobre el pan de la vida

La reacción negativa: Si antes fueron los judíos quienes criticaban a Jesús porque dijo que es el pan vivo bajado del cielo y que les daría a comer su propia carne y al mismo tiempo su propia sangre, ahora son los hasta entonces sus discípulos quienes concluyen defraudados: “Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso?” Se mostraron entonces muy decididos para abandonar a Jesús.

Pero antes les dice él: “¿Esto los hace vacilar?, y si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida: la carne no sirve para nada”. Carne no significa aquí su carne eucarística de la que Jesús habló anteriormente, sino la naturaleza humana, la condición natural del hombre, incapaz de dar vida eterna. Y Cristo vuelve a repetir la causa explicativa de la fe o de la incredulidad: “Les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”.

La reacción positiva: En cambio, es decir, la fe, está seguramente manifestada en la decisión del grupo de los Doce Apóstoles, en cuyo nombre habla el apóstol Pedro: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo, consagrado por Dios”.

Ahora nosotros, tenemos que optar por cristo o contra él

En la vida de toda persona creyente llegan momentos en los cuales se plantean situaciones y preguntas semejantes como las del evangelio de este domingo: ¿Qué Dios seguimos o qué ídolo adoramos? ¿Continuamos siguiendo a Jesús o de plano lo abandonamos? Cuando nos cansamos de seguir practicando el bien, la verdad, el amor y la justicia, cuando nos podemos hartar de ir a Misa o nos resulta insoportable, ésta o aquella persona, cuando pesa la fidelidad conyugal y la atención constante a la familia y especialmente el cuidado formativo de los hijos; cuando constatamos continuamente que el mal nos circunda de muchas maneras, ahora sobre todo a través del uso indiscriminado de los medios de comunicación social; cuando con todo esto que estamos apuntando y ante tantos reclamos e informaciones de todo tipo que tanto abruman; cuando, en una palabra, nos resulta dura la doctrina evangélica, entonces y ahora nos pregunta Jesús en lo íntimo de nuestras conciencias: ¿También tú quieres irte y dejarme como aquellos hombres que un día me abandonaron porque se les hizo dura mi doctrina acerca del “Pan de la Vida” bajado del cielo?
En la vida eminentemente práctica, la disyuntiva es inevitable: constantemente habremos de elegir entre varios dioses y señores. O el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo con la fuerza y la gracia del Espíritu Santo y entonces seremos verdaderos y auténticos cristianos comprometidos.

O bien viviremos ofuscados y perdidos egoístamente, porque entonces quedaríamos atrapados y esclavos del dios dinero y poder temporal, el dios placer y mal uso de la vida sexual, rebosantes de soberbia y egoísmo, vanidad y belleza transitorias del todo, consumismo sin freno, pero nada de lo que aquí estoy enumerando podrá hacernos felices, cayendo en el vacío y la vida falta de verdadero sentido.

Conclusión

Pidamos fervientemente a nuestro Dios, uno y trino, que no nos deje apartarnos de él. Jesús sigue preguntándonos, de acuerdo con el evangelio de hoy: “¿También ustedes quieren dejarme?”.

Es ahora la gran oportunidad de gracia salvadora al responder a Jesús, quien tanto nos ama y nos amará eternamente, con las palabras de San Pedro, cuando contestó a Cristo a nombre de los Doce Apóstoles: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”. ¡Ojalá que así sea siempre!

Obispo emérito de Zacatecas*