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El Día del Señor
Jesucristo, pan de vida para no desfallecer en el desierto
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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12 de Agosto del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / La oración es una de las herramientas más fuertes de todo católico

En el domingo anterior comenzábamos a interpretar y asimilar el discurso del pan de vida, que Juan explica en el capítulo sexto de su evangelio. En el evangelio de hoy leemos la primera parte del discurso de Jesús sobre “el pan de vida”.

El texto tiene dos secciones: 1ª- Origen de Jesús y la fe en él. 2ª- Jesús se manifiesta como el pan vivo que da vida al que lo come. Nuestro texto comienza afirmando: “En aquel tiempo, los judíos murmuraban contra Jesús, porque había dicho: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”, y decían: “¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿Acaso no conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo nos dice ahora que ha bajado del cielo?”.

Para los judíos, sus oyentes, las palabras de Jesús eran para ellos un escándalo y una arrogancia. Es el escándalo siempre actual de la encarnación del Hijo de Dios en la raza humana.

Jesús aclara que el misterio de su persona no se puede captar sino con el don de la fe que Dios Padre ofrece gratuito a los hombres para salvarlos e insertarlos en su plan de liberación a través de la historia y para la eternidad y les dice: “No murmuren.

Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado; y a ése yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán discípulos de Dios.

Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí: No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ése sí ha visto al Padre”.

Arrancando desde la primera lectura de este domingo, tomada del 1er. Libro de los Reyes, en el cual se nos presenta la experiencia dolorosa y cansada del profeta Elías.

Este profeta por mandato divino, había condenado enérgicamente la actitud pagana del rey Ajab, quien tenía como esposa a Jezabel, la cual había influenciado al rey para que en Israel se estableciera el culto idolátrico de Baal, despreciando al único Dios verdadero quien prohibió el culto de los ídolos hechos de manos humanas.

La vocación que Dios dio a su pueblo fue la de testimoniar la existencia del único Dios. Se trataba de fundar y propagar una religión monoteísta. El profeta Elías luchó abiertamente contra el rey Ajab y Jezabel.

Elías con el favor de Dios en el monte Carmelo demostró la falsedad y errores de esa idolatría que fundaron el rey y la reina. Entonces Elías en su celo por el único Dios verdadero mandó degollar en el torrente Quisón a los 450 sacerdotes del falso  dios Baal.

Por todo ello, el rey Ajab y su esposa pagana Jezabel, adoradores ambos de los ídolos, como tantos otros israelitas que apostataron de la religión al único Dios verdadero, persiguieron entonces de manera encarnizada con intención de matar al profeta Elías, quien tuvo que huir al desierto y emprender una caminata que con grandísimos sacrificios recorrió hasta el monte Horeb en el Sinaí.

En medio del intenso sufrimiento del profeta Elías, exclamó abatido: “Basta ya, Señor. Quítame la vida, púes yo no valgo más que mis padres”. Pero Dios sostuvo a su profeta a punto de morir en el desierto por medio de un ángel que lo asistió con pan y agua dos veces.

Este alimento admirablemente sostuvo a Elías hasta llegar al monte Horeb, su destino, al encuentro del Señor para renovar con nueva fortaleza su misión al  Como el profeta Elías, para superar el cansancio de nuestra fe en la travesía del desierto de la vida al encuentro del Señor, necesitamos, también nosotros, la energía que nos da el pan vivo bajado del cielo que es Cristo, pan de vida eterna para todo el que crea verdaderamente en él (lec del evangelio). servicio del único Dios verdadero.

Aplicación práctica de la enseñanza y comentario a la palabra de esta homilía

Quiero apuntar, que salvadas las distancias, el caso del profeta Elías (siglo 9º.A.C.), tiene eco vigente en nuestras vidas personales y comunitarias.

Es sintomático, que cuando crece amenazante el desierto de la incredulidad, cuando nuestras vidas y sus circunstancias adversas obscurecen el sentido y razón de la vida, aparecen las tendencias a la violencia y al sin sentido de nuestras vidas que para algunos llegan momentos de las tendencias suicidas y la carencia de ganas de vivir.

No obstante, si somos creyentes auténticos, seremos capaces con la oración y la gracia divina para llevar a cabo con éxito, la travesía del desierto de nuestra vida sin Entonces, ha de surgir la pregunta que debemos responder: ¿Dónde encontrarnos la fuerza y la alegría de vivir?: Cristo presente en el pan eucarístico, que es pan de vida presente y eterna, nos ha de dar vigor, si también escuchamos a Dios y creemos en su Hijo muy amado Jesucristo, Palabra del Padre y pan de vida. Ambas realidades: la fe y el pan eucarístico dan vida eterna, es decir, presente y futura. Concluyo: Esta es la enseñanza de Jesús en el evangelio lleno de luz y esperanza en este domingo. 

*Obispo emérito de Zacatecas