Recuerdos remotos 
×
×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



Recuerdos remotos
Huberto Meléndez Martínez
~
07 de Agosto del 2018 05:00 hrs
×


Compartir



Liga Corta




Al Sr. Juan Meléndez Contreras, mi padre, por tener una memoria privilegiada.

“Yo tenía 4 años y nueve meses cuando nació mi hermano Carlos. Es el recuerdo más lejano que tengo en mis pensamientos. Lo tengo presente porque quedé convertido en el hermano mayor.”

Un hermano mayor debe portarse mejor, su grado de madurez necesariamente es notorio y como en todos los hogares cambia la dinámica familiar, cada integrante asume un rol distinto. Es el antes y el después, marcado siempre por la llegada de un nuevo ser.

“Mi mamá me dijo: “mira hijo, los niños deben de empezar a rezar”. Tenía un catecismo muy antiguo, que le decían el catecismo del Padre Ripalda [Jerónimo Martínez de…]. Empezando por el Padre Nuestro y el Ave María. “Y tienen qué hacer su Primera Comunión. Debes aprenderte todo lo que viene ahí, porque cuando los niños van con el sacerdote a hacer su primera confesión, les hace preguntas. El que no conteste no lo dejan comulgar”.

“Nos explicaron cada oración, cada símbolo de la religión, cada personaje de la liturgia. Luego conocimos al Padre Tomás Castañón. No sé por qué me tomó mucho aprecio. Cuando visitaba la casa jugaba conmigo, me tomaba entre sus brazos y me levantaba alto, para dejarme entre los surcos de la parcela que estaba a un lado de la casa que cuidaba mi papá, al administrador de la hacienda. Yo no me podía regresar con facilidad a la casa porque era muy pequeño, se me dificultaba caminar entre los terrones y los cañutos del maíz, que habían quedado en el barbecho cuando cortaron la cosecha. Para regresar debía atravesar esos surcos y mis piernas no alcanzaban la agilidad que necesitaba para volver pronto.”

“Los sacerdotes llegaban a caballo, a lomo de burro, o a pie, desde la cabecera municipal (a unos treinta kilómetros de ahí) y entraban a la casa de don Macario López, donde había un patio grande limitado por una barda alta, que encerraba las voces y podíamos escuchar la misa. Los niños sentados hasta adelante, muy cerca de la mesa del padre.”

En su infancia tuvo conocimiento de tres actividades para él importantes: la agricultura, la religión y la minería. Es en esos tres rubros donde considera que ha tenido la mayor pasión de su vida.
Don Juan hoy tiene poco más de 95 años, con una lucidez envidiable en sus pensamientos. Recita las poesías que le enseñó la maestra Tránsito Cepeda en los tres grados que cursó de la primaria, expone de memoria algunas lecciones del libro de lecturas que les prestaba en las clases. Conoce y relata cada uno personajes de la pastorela. Dice que tal vez recuerde todo eso porque lo medita y repasa en sus pensamientos, le gusta la lectura y lo comparte con quien desea escucharle. Supone que eso le mantiene vigente en la parte intelectual.

Amable lector: ¿Ha hecho el ejercicio de pensar en su recuerdo más remoto?

*Director de Educación Básica 
Federalizada
huberto311@hotmail.com