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Soledad y enfermedad
Antonio Sánchez González
~
03 de Agosto del 2018 05:00 hrs
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Que la soledad es un problema de salud, no es algo nuevo: Teresa de Calcuta dijo una vez,

“Hoy, la enfermedad más grave no es la lepra, el cáncer o la tuberculosis, sino la sensación de ser no deseado, ignorado y abandonado por todos”.

Pero hoy, los médicos podemos cuantificar los efectos de la soledad sobre la salud, advirtiendo que las personas solitarias tienen casi el doble de probabilidades de morir prematuramente que las que no sufren sentimientos de abandono. Parece que estar solo es mucho más preocupante para la salud que la obesidad.

Existen estudios de investigación médica que estudiaron la relación que existe entre la cantidad y calidad de las conexiones sociales y el envejecimiento exitoso. Uno de esos estudios parece demostrar que las amistades ayudan a las personas mayores a desarrollar su resiliencia y capacidad para recuperarse después de la adversidad, al mismo tiempo que obtuvieron fortaleza a partir del estrés en lugar de verse disminuida por ello.

Al respecto, no es sorprendente que no haya buenas noticias para aquellos menos conectados con otras personas. La soledad tiene consecuencias dramáticas en la salud. Sentirse aislado de los demás puede dificultar el sueño, aumentar la presión arterial, disminuir la respuesta inmune, aumentar los síntomas de depresión, disminuir el bienestar subjetivo general y aumentar los niveles séricos de cortisol, la llamada hormona del estrés (y a niveles altos sostenidos, el cortisol gradualmente “desgasta” el cuerpo).

Las personas mayores pueden evitar las consecuencias de la soledad al mantenerse en contacto con antiguos compañeros de trabajo, participar en reuniones familiares y amigos. Alejarse de una palomilla de amigos establecida por muchos años para retirarse a un idílico refugio costero podría ser un error.

También, hace más de un lustro que los médicos tenemos documentado el vínculo entre nuestra sociedad individualista y el aumento de los trastornos mentales que se han vuelto comunes en los últimos 50 años.

También se sabe por esas mismas investigaciones que los problemas de salud mental ocurren con mayor frecuencia en las sociedades más desiguales. Posiblemente, estamos descuidando una parte de la vida que nos hace felices y nos mantiene sanos por más tiempo cuando dejamos de lado el “capital social” en la búsqueda individualista de mayor riqueza, cuando tratamos a las relaciones sociales como algo accesorio.

La soledad es a menudo el sentimiento central que da lugar a emociones de ira, tristeza, depresión, inutilidad, resentimiento, vacío, vulnerabilidad y pesimismo. Las personas solitarias con frecuencia sienten que no gustan, a menudo se obsesionan con sí mismas y carecen de empatía con los demás. Temen el rechazo y se mantienen a distancia, lo que alimenta la soledad.

Entonces, en una sociedad que envejece y con cada vez más personas viviendo solas, ¿cuál es la solución? Creo que nunca es demasiado tarde para cambiar, y que la intervención médica y la psicoterapia pueden ayudar a las personas a sobar las heridas de su pasado y establecer nuevos patrones de relación con los demás, incluso considerando el riesgo de que también pueda desarrollarse una peligrosa dependencia entre paciente y su médico.

De todos modos, empieza a prevalecer entre algunos médicos la idea de que combatir la soledad es clave para mantener una buena salud. Esos esquemas terapéuticos pueden ayudar a las personas de cualquier edad a desarrollar autoaceptación, facilitando su relación con los demás y a conectarse a un nivel tal que la soledad, si no se erradica, al menos se convierta en una amenaza menor para la salud.