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El Día del Señor
Cristo, pan de vida multiplicado en la mesa del mundo
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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29 de Julio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




A partir de este domingo 17 del tiempo ordinario, Ciclo B, y hasta el vigésimo primero inclusive, la Iglesia interrumpe las lecturas del evangelista San Marcos correspondientes a este año litúrgico, para leer, casi íntegro, el capítulo sexto del evangelio de San Juan: multiplicación de los panes por Jesús y el discurso del pan de vida. 

Constatamos que dicha multiplicación nos es transmitida por los cuatro evangelistas. Pero es en el evangelio de San Juan donde, además del plano histórico, tenemos también el plano interpretativo de este hecho y esto que acabo de decir será el tema de fondo de la presente homilía.

Subrayo que este “signo” de Cristo contiene un mensaje acerca de que Jesucristo es precisamente el pan de vida multiplicado en la mesa del mundo, es decir, para todos los pueblos, razas y naciones a lo largo y ancho de nuestro planeta: tierra.

El mensaje que debemos captar en el tiempo que vivimos

Precisamente, para entender todo el alcance del mensaje contenido en el signo de la multiplicación de los panes, debemos tomar en cuenta su triple dimensión: profética mesiánica, eucarística y eclesial.

El hecho milagroso de la multiplicación de los panes para tanta gente, está en la línea del anuncio que Jesús hace para que con los signos maravillosos que él realiza, anuncia el Reino de Dios que hace una realidad en la plenitud de los tiempos que inaugura Cristo.

Cuando Moisés en el desierto dio el “maná” lo hizo contando con el mandato y el poder de Dios mismo y Cristo nos revela precisamente que ese “maná” fue el que su Padre dio al pueblo peregrino, hambriento y sediento en pos de la tierra de promisión en la cual habría abundancia de pan y agua.

Ese “maná” con relación a Cristo fue anuncio y profecía de la eucaristía que Cristo nos ha dado para la salvación y redención de los hombres. Y en esta línea está la multiplicación de veinte panes de cebada y grano tierno en espiga, que el profeta Eliseo (Siglo 9 antes de Cristo), dio milagrosamente por medio de su criado a cien personas hambrientas (1ª lectura de hoy).

El hecho que ahora nos ocupa, nos hace ver en la revelación divina para el pueblo del antiguo Israel y ahora para todos los pueblos de la tierra, que Jesús lo llevó a cabo, dentro del marco litúrgico de la última cena antes de padecer y morir, conectándolo con los discípulos de Emaús, quienes tuvieron la dicha inmensa de reconocer a Cristo resucitado al bendecir el pan de la cena y en la fracción de ese pan.

Estos datos nos hacen ver de qué manera, la primera comunidad cristiana reconoció pronto la relación existente entre el pan multiplicado y el pan eucarístico centro y vida de todas las eucaristías que la Iglesia celebra por mandato de Jesús: “Hagan esto en conmemoración mía”.

*Obispo emérito de Zacatecas