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Historias de Lobos
Refugio
Redacción
~
22 de Julio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Un joven es detenido en posesión de sustancias ilícitas.

Enfrenta un proceso penal que lo dejará privado de su libertad varios años. Sin embargo este joven narra cómo es que su vida se fue involucrando con las drogas.

La vida familiar

Mi mamá y mi papá siempre tenían muchos problemas. Todo era por el dinero y el vicio de mi jefe. Cuando estaba borracho contra todos se iba, parecía que nos odiaba a todos. 

De la nada nos metía unas friegas que hasta nos dejaba los moretones. Somos 8 de familia. Mi jefe chambeaba en la obra de albañil. Con eso nos mantenía más o menos bien. 

Mi jefa a veces se iba a ayudar en casas para completar la compra del abastos. Mi jefe cada vez se fue metiendo más en el vicio. Cada sábado se iba desde que le daban la raya y ya no llegaba a la casa hasta el domingo.

O a veces hasta el lunes. Yo me di cuenta de que de ahí se empezó a venir todo “pa’ bajo”. Cuando mi jefe llegaba el sábado mi jefa le reclamaba que de donde venía y se peleaban muy feo. Yo me agarraba de las cobijas porque se oía como le metía sus fregazos a mi jefa. Yo estaba morrillo tenía como 11 años de eso. Yo me fijaba que mi jefe andaba mal. 

Y fue para cuando se descubrió que andaba con una vieja. Hasta le tenía un cuarto y ahí se metían los sábados. 
Todo eso se supo porque una vecina le contó a mi jefa. Cuando se pelearon y mi jefa lo corrió de la casa, los problemas se nos vinieron encima. 

Tristeza

Para esos días yo todavía iba a la escuela. Cuando mi jefe se fue de la casa, llegué a la escuela y me sentía muy triste. Yo nada

más tenía ganas de llorar. Me fui para el patio cerca de una barda y ahí me estuve. 

Todos los días me iba para allá para que no me vieran llorar. En la escuela en uno ni se fijan, nada más si hace uno algo malo. No le puedo decir ni lo que sentía porque es algo muy feo que se siente en el pecho.

Después de que se fue mi jefe mi mamá casi nunca estaba en la casa porque salía de trabajar a las 6 y llegaba como a las 7.

Apenas si la veíamos. Mis hermanos entre todos nos cuidábamos. Mi hermana, la más grande es la que nos daba de comer a todos. Para ese entonces ella tenía 14 años. Con mis hermanos no podía hablar. Unos estaban bien morrillos y otros no sabían ni qué. Mejor me salía a la calle.

Cuando acabe la primaria ya no me metieron a la secundaria porque no había dinero. Me la rolaba en el barrio. Me salía a la calle a ver a cuales compas me encontraba y ahí me estaba.

A ver qué se siente

Los compas del barrio eran más grandes que yo. Yo quería ser como ellos. Yo quería ser de grande “cholo”. Había un compa que con él me entendía muy bien. Me preguntaba que porque estaba triste. Yo le decía que porque mi jefe se había ido con otra vieja y que tenía hambre. 

Él me dijo una vez, ‘Yo no tengo comida pero tengo esto’. Yo ya lo había visto que se las tronaba con mota. Me dijo pruébala verás que es mejor. Con esto se te quita la “pinche tristeza que traes”. Llégale! nada más para que veas que se siente. Me empezó a dar mucha risa. No paraba de reírme. Me sentía muy feliz. Luego me sentí muy relajado. Lo malo es que me daba mucha hambre y eso era un problema porque en mi casa no había que comer. 

Cuando se pasó el efecto. Me sentía peor de triste. Me sentía desesperado y mejor fui a buscar a mi compa. Me vio y se agarró a reírse. Me dijo ya ves, ya encontraste tu medicina. Me dijo que la agarrara tranquilo para que no me metiera en problemas, pero que si tenía que sacar el baro para pagarla porque la neta no la regalaban y era un lío conseguirla.

La primera vez que me dieron a probar la mota tenía como 13 años. Le empecé a decir que la medicina. Yo sentía que la necesitaba para sentirme bien ese rato. No importaba que luego me sintiera para la fregada, el chiste era estar bien un rato.

Falsa felicidad

Se me volvió una necesidad. Cuando la fumaba estaba muy bien, feliz, contento, me reía, me sentía fuerte, luego me relajaba muy a gusto y a dormir. Se me olvidaban todas las broncas de mi casa. Se me olvidaba la miseria en la que vivíamos. Yo me dormía arriba de un cartón.

Nada más para que vea como estamos de jodidos y muertos de hambre no hay ni para donde hacerse uno. Vivo en la África en un cuarto.

Cuando mi jefe se largó con la vieja nos dejó en la calle. Mi jefa tuvo que vender algunos muebles que teníamos para podernos darnos de comer. Usted no sabe lo que es eso. Ver a la gente de uno estar bien fregado de hambre. Y no es que uno sea “huevón” lo que pasa es que no hay jale.

Aun así, de morrillo me metí a lavar carros. Pues de que mas la puede hacer uno. Sin escuela y sin nada. Uno no pasa de gato de ricos. Lo ven a uno mugroso y piensan que uno es un ratero. Pero aunque sea un drogadicto nunca he agarrado lo que no es mío.

Adicción 

Se me hizo un vicio. De lo que sacaba del jale, le daba una lana a mi jefa y lo que me quedaba lo usaba para mi “medicina”. 

Yo sé que cuando andaba marihuano me ponía mal. Porque luego le empecé a meter alcohol. Ya de más grande. Me llegaron a ofrecer mota por sexo. Y ya enviciado uno le atora. Como las cosas ya se estaban poniendo más canijas. 
Se me ocurrió decirle a uno de los compas que si jalaba con él pero que me diera algo más fuerte. Yo ya le traía ganas a la coca. Esa fue mi primera vez. 

También me gustó. El vicio me pegó muy duro. Y es muy difícil lo que uno sufre por andar en eso. Se mete uno en un mundo de mucha maldad, de gente muy insana, de cosas que ni se imagina.

Detención 

El día que me agarraron dijeron que yo andaba vendiendo. Yo no le hago a eso, si compraba, “pos” si no cómo le hace uno.

Unos compas me encargaron que les llevara y traía una bolsita. No sé cuánto era pero cuando me registraron dijeron que la quería para vender y verdad le digo que nomás era para mí. 

Pero le digo lo ven a uno jodido y más le cargan la mano. Ya hasta pienso que está mejor así, que me hayan agarrado. 

Yo sé que le di problemas a mi jefecita y que ya no la voy a poder ayudar con dinero. 

Pero mi vida se estaba poniendo cada vez peor. Yo sé que si no me moría de un “pasón” me iban a matar o a pegar una enfermedad. Nunca se me ha quitado esa mendiga tristeza.

Llegué a pensar que así es como vivimos los jodidos. 

Sintiéndonos tristes siempre y por eso o le entramos al chupe o a la mota o así. A ver cómo me va encerrado.

La familia como soporte

“Las consecuencias de la violencia infantil sobre la salud y el desarrollo de los menores maltratados persisten durante la edad adulta y están relacionadas con un amplio abanico de comportamientos de riesgo, como el abuso de drogas y alcohol” Organización Mundial de la Salud (OMS).

El impacto de la violencia durante la infancia provoca cerca del seis por ciento de los casos de depresión y de abuso o dependencia de narcóticos.

Otros tantos ingresan a las drogas por influencia de amigos o familiares con la simple excusa de “probar a que sabe”, o “que se siente”, o “para pasar un buen rato”. 

Pero en algunos otros casos los menores ingresan porque en sus hogares sus padres no les dan afecto, o sus opiniones no son tomadas en cuenta y al sentir este tipo de discriminación buscan encontrar ayuda, satisfacción y algún tipo de placer en las drogas. 

Otro de los factores primordiales es el económico: La necesidad de las personas ha sido el principal factor para aumentar los índices de mendicidad, robos, homicidios y consumo de drogas.

En los peores casos los menores están sustituyendo la comida por drogas y para acceder a estas recurren a cualquier de los anteriores métodos.