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El Día del Señor
Jesucristo es el pastor de su Iglesia
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
22 de Julio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Comenzamos nuestra homilía de este domingo 16 del Tiempo Ordinario, Ciclo B, recordando que a nuestra Iglesia, Cristo la va explicando para entenderla con su gracia, sabiduría y poder, con diversas comparaciones llamadas parábolas.

Hoy a partir de las lecturas de la Sagrada Escritura que dan sentido doctrinal y espiritual a este domingo, hablamos de Cristo Pastor quien guía y acompaña a su Iglesia fundada por él como el rebaño que cuida con amor generoso y salva de todo peligro.

Pero también ha undado su Iglesia como el Pueblo de Dios que convoca y reúne a todos los pueblos de la tierra en orden a la salvación universal que ofrece cumpliendo la voluntad de su Padre con el amor y la fuerza del Espíritu Santo.

El pueblo de Dios llamado a la unidad

Jesús nos revela en labios del evangelista San Juan: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas…Yo soy el buen pastor, conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí; lo mismo que mi Padre me conoce a mí, yo lo conozco a él y doy mi vida por las ovejas.

Pero tengo a otras ovejas que no están en este rebaño; también a éstas tengo que atraerlas, para que escuchen mi voz. Entonces se formará un rebaño único, bajo la guía de un solo pastor” (Jn 10, 11 y ss.).

El texto bíblico del evangelio de San Marcos de este domingo, nos narra cómo Cristo acoge a los apóstoles que había enviado de dos en dos a predicar y ellos le comunicaron lo que les había acontecido en su misión que llevaron a cabo con la fuerza de su envío y sus recomendaciones pastorales.

Estaban cansados y Cristo delicadamente les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario y tranquilo, para que descansen un poco. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer”.

Cristo y sus apóstoles subieron a una barca para dirigirse al otro lado del lago de Tiberíades, hacia un lugar apartado y tranquilo. Pero, la gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Y ¿Qué pasó luego?: “Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, PORQUE ANDABAN COMO OVEJAS SIN PASTOR, Y SE PUSO A ENSEÑARLES MUCHAS COSAS”.

Desde entonces hasta hoy, Cristo sigue congregando a todos los hombres para que pertenezcan a su rebaño y bajo su guía y cuidados tengan vida humana natural y sobrenatural en abundancia.

La Iglesia llama a la unión universal

La enseñanza del Concilio Vaticano II, siguiendo la tradición bíblica y la experiencia de la Iglesia a lo largo de más de dos mil años, nos ha puesto al día la comparación que define a la Iglesia de Cristo, como verdadero pueblo de Dios llamado a la unidad universal con todos los pueblos del planeta. 

Aquí cito un texto fundamental acerca de esta enseñanza: “En todo tiempo y nación son aceptos a Dios los que le temen y practican la justicia (Cf. Act. 10, 35).

Quiso, sin embargo, Dios santificar y salvar a los hombres no individualmente y aislados entre sí, sino constituirlos en un pueblo que le conociera en la verdad y le sirviera santamente.

Eligió como pueblo suyo, el pueblo de Israel con quien estableció una alianza, y a quien instruyó gradualmente manifestándosele a Sí mismo y sus divinos designios a través de su historia. Pero todo esto lo realizó como preparación y símbolo de la nueva y perfecta alianza que había de efectuarse en Cristo, y de la más plena revelación que había de hacer por el mismo Verbo de Dios hecho carne” (L. G. n. 9).

Así pues, la Iglesia de Cristo es el pueblo de Dios, para que en la plenitud de los tiempos históricos y mesiánicos, sea puerta, camino e iluminación para llegar a la casa del Padre, cuando se complete el número de los elegidos y Dios sea todo en todas las cosas del cielo y de la tierra.

Conclusiones

Llegados a este punto de nuestra homilía, es muy necesario sacar algunas conclusiones que se siguen del hecho salvador de que somos el Pueblo de Dios y proyectar con nuestra vida hecha testimonio cristiano de que somos y nos proyectamos como miembros de este pueblo para irradiar su ser y todas las enseñanzas y maravillas de Dios hechas vida en lo personal, familiar y comunitario.

1.-¿Podemos tomar conciencia de que pertenecemos a este pueblo de Dios y ser coherentes con nuestra fe para iluminar al mundo con la luz radiante de Jesucristo a través de nuestras, palabras, pensamientos y obras como cristianos auténticos y comprometidos con el evangelio?

2.-¿Somos los cristianos pregoneros y promotores de la justicia, del amor liberador y solidario para todos los hombres, especialmente con los pobres, los abandonados, con los marginados de nuestras comunidades y nación?

3.-Y al dar respuestas a estos interrogantes de qué manera vivirlas en el ámbito de nuestras familias, en las escuelas y universidades, en el mundo de la cultura y del trabajo en toda su variedad y dimensiones. Y por último, seremos miembros verdaderos del pueblo de Dios en nuestra Diócesis y parroquias como la nuestra.

¡Pidamos a Cristo en esta eucaristía dominical, que nos de la fuerza, su gracia, sabiduría y amor, para ser los miembros de su pueblo que irradiemos ahora y siempre el amor universal de Jesucristo!