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¿Rebeldes?
Sigifredo Noriega Barceló
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11 de Julio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




A mediados del siglo pasado estuvo de moda la expresión “rebelde sin causa”. Quiere decir que también había rebeldías con causa justa, comprensibles y aceptables. No recuerdo bien si con la rebeldía se pretendía posicionarse ante causas sociales, familiares... o era una manera ociosa de sumarse a la corriente o la conveniencia del momento.

La rebeldía se expresaba en formas y lugares diferentes. Iba desde la manera desgarbada de ser, vestir, hablar, cantar, hasta la toma de las armas para defender y afirmar ideales, ideologías e intereses. La protesta era la manera común de decir a los cuatro vientos que no se estaba de acuerdo con alguien, con algo, con nadie, con nada. Los rebeldes siempre han existido, con causa o sin causa.  Ser rebelde es un riesgo esperado y calculado por el hecho de ser libres.

La palabra-realidad de la rebeldía habla de resistencia, desobediencia, hostilidad, indignación, desconfianza, oposición, toma de posición; también de sublevación ante personas y/o situaciones tan diversas como la autoridad, la mediocridad, la nada. El diccionario refiere rebeldía a la acción propia del rebelde; rebelión a la acción y efecto de rebelarse. La etimología de rebelde (re-bellum) habla de “volver hacer la guerra”. Ser rebelde contiene, pues, una buena dosis de agresividad. 

En la Palabra proclamada este domingo Ezequiel habla de pueblo rebelde y  raza rebelde. El sacerdote-profeta recibe la no tan agradable encomienda de guiar a los israelitas del destierro en Babilonia a su tierra para reconstruir su identidad y misión de pueblo elegido. No todos le creyeron; es más, lo despreciaron y persiguieron. El profeta no se desanima y continúa cumpliendo su misión a pesar de la cerrazón de sus paisanos. 

Jesús usa una frase conocida para referirse a sus paisanos y familiares rebeldes: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra”. El evangelista describe las reacciones de los paisanos de Jesús: pasan de la admiración al desconcierto, del cuestionamiento de su origen (en el texto hay cuatro preguntas sobre su honorabilidad) al rechazo. Aunque Jesús percibió el rechazo y eso imposibilitó que pudiera hacer milagros, no se dio por vencido; así lo indica el Evangelio al decir que “luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos”. 

¿Seremos más o menos rebeldes hoy que antes?  Si Jesús no hubiera resucitado sería un muerto más, a nadie interesaría hoy. Precisamente porque vive puede provocar las mismas reacciones de sus paisanos rebeldes.  

Creer, aceptar, encontrarse con Jesús transforma la vida de quien se toma en serio. Los desafíos de creer en Él no son muy diferentes a los de aquellos tiempos. Quizás hoy la y las rebeldías se expresan en una indiferente indiferencia, en creencias mágicas, en una fe recibida pero sin compromiso... Creer o no creer en Jesús tiene (debe tener) sus consecuencias en la salud del tejido social. Ojalá nosotros sí honremos a Jesús en la tierra que habitamos. ¡Que se note también en tiempos poselectorales!   

Con mi afecto y bendición.

*Obispo de Zacatecas