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Los drones; jugoso negocio
Raúl Muñoz del Cojo
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06 de Julio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Esa publicidad tan eficaz entre los países occidentales más avanzados no es vista con análogo optimismo entre los pueblos que han sufrido sus efectos como armas de guerra: yemeníes, afganos, paquistaníes y palestinos, entre otros. Pueblos que han vivido de cerca los violentos torbellinos de fuego que desde el cielo se han batido contra supuestos terroristas, pero también han conocido en carne propia los llamados “efectos colaterales” que en ocasiones han diezmado a los asistentes a bodas y ceremonias y han multiplicado el número de víctimas inocentes, entre las que los niños suman ya varios centenares.

En Estados Unidos, la primera potencia en fabricación de drones, el sector se concentra en cuatro grandes empresas: Boeing, General Atomics, Lockheed y Northrop, donde se marcan las pautas con las que evolucionará este nuevo y provechoso mercado. Mismo que fue impulsado al principio por la actividad del Pentágono y de la Agencia Central de Inteligencia estadunidense, para la que se desarrollaron los temibles Predator y Reaper, los drones que cuentan con más víctimas inocentes en s u historial y los más frecuentemente utilizados en la guerra antiterrorista ejecutada por Obama.

Pero la actividad militar de Estados Unidos está sufriendo restricciones presupuestarias que, combinadas con el inminente fin de la guerra en Afganistán, cierran bastantes perspectivas de ampliación del negocio. Por eso, la industria estadunidense de los drones avizora nuevos mercados exteriores.

No todos los drones son armas de guerra, como explica el presidente de la Asociación Española Remotely Piloted Aircraft Systems que reúne a los fabricantes de esos aparatos, al recordar que en Francia son mayoría los drones que tienen menos de 25 kilogramos de peso y se dedican a actividades no militares. 

Estos aparatos son en sí mismos neutrales e inocentes. Son sus usuarios los que pueden utilizarlos en tareas beneficiosas, como detectar incendios o combatir plagas; o repulsivas, como los asesinatos clandestinos o el terrorismo.