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El Día del Señor
El profetismo y la misión de San Juan Bautista
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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24 de Junio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / San Juan Bautista fue un personaje clave en la vida y obra de Jesucristo.

Por esta vez y por coincidencia de fechas, el domingo Xl del tiempo ordinario, es ocupado por la solemnidad del Nac miento de San Juan Bautista, santo muy venerado y quien tiene en el plan de Dios un lugar especialísimo con relación a Cristo, el Mesías, en la etapa final de la historia de la salvación.

En este domingo, pues, nuestra Iglesia Universal nos presenta la figura y la rica personalidad de San Juan Bautista, para que también imploremos su protección, nos acerque al corazón de Jesucristo, nos ayude imitándolo en sus virtudes y con su valiosa intercesión, seamos más profundamente cristianos y unidos en el amor a Dios.

Acrecentemos la vida del pueblo de Dios, la Iglesia, como signo de conversión y con la gracia del Altísimo, colaboremos para anunciar el evangelio de salvación, con la fuerza y la sabiduría del Espíritu Santo, quien llenó con sus dones el alma y todo el ser de Juan Bautista.

En esta homilía, con la ayuda de Dios, trataremos de responder a la pregunta fundamental: ¿Quién es Juan Bautista y cuál es su misión a favor de la humanidad liberada del pecado y la muerte eterna?

La figura señera de Juan el Bautista y su misión en el plan divino de la salvación

Primeramente, debemos reconocer que posee una personalidad muy propia, fuerte y atractiva, es un personaje original, su vocación y su misión están inscritas en el contexto de la predicación del Reino de Dios.

Dos características definen la personalidad de Juan Bautista: es profeta y anunciador de la venida y llegada de Jesucristo, el Mesías, a este mundo.

Es el “profeta”, el primero en aparecer después de muchos siglos sin la presencia de uno en medio del pueblo.

Podemos describirlo como el profeta de fuego, la voz del desierto, que quema con sus oráculos a orillas del río Jordán, convence por lo que dice y cómo lo dice, con un testimonio coherente e irrebatible.

Es profeta auténtico con la gracia de elección que Dios hizo de él. Hombre de contemplación de la verdad divina revelada para su gloria y redención de los hombres pecadores, para llamarlos al arrepentimiento y a la conversión cumpliendo en todo momento la voluntad divina.

Con el bautismo de arrepentimiento en el río Jordán, muchos creyeron en su profetismo y de esta manera logró un pueblo bien dispuesto para acatar la voluntad de Dios en orden a la salvación temporal y eterna de todos los hombres.

Con esto que estamos diciendo, Juan Bautista es “el gran profeta universal” al inicio de la última etapa de la historia de salvación con la persona y la obra de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre y fundador del Reino de Dios para la plenitud de los tiempos mesiánicos.

Pero también, Juan Bautista es “el precursor” (el que va adelante) de la llegada de Cristo a este mundo para salvarnos y hacernos gratos a los ojos de su Padre con el sello de gracia, perdón y amor del Espíritu Santo.

Él preparó al pueblo para el arrepentimiento y ser gratos a los ojos de Dios, Uno y Trino.

El evangelista San Lucas, nos ofrece los datos necesarios para conocer a Juan y saber con certeza que “la mano de Dios estaba con él”.

De esta manera podemos comprender la misión que se le había encomendado y a este propósito, San Pablo la describe de manera precisa: “Dios hizo nacer para Israel, un Salvador, Jesús, Juan preparó su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia” (Hech 13, 23-24).

San Lucas evangelista, nos dice que la gente cercana a la familia de Juan se preguntaba “¿qué va ser de este niño?”. Y el libro de los Hechos, por medio de San Pablo ofrece una respuesta que define la personalidad y misión del Bautista: “Yo no soy lo que ustedes piensan. Después de mí viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias” (Hech 13, 25).

Por último, Juan reveló la presencia de Cristo, al referirse a él afirmando: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” y al bautizarlo tuvo la experiencia maravillosa de la manifestación divina del Padre, quien dijo de Jesús: “Este es mi Hijo muy amado en quien tengo puestas mis complacencias: escúchenlo”.

Vio como el Espíritu Santo bajó sobre la persona de Cristo en forma de paloma y toco con sus manos al bautizarlo, la humanidad del Verbo encarnado.

Exhortación conclusiva

¡Pidamos a Cristo, unidos a Juan Bautista, la gracia de ser sus profetas que con nuestra vida cristiana, santamente vivida, anunciemos la salvación en nuestras familias y nuestro mundo de trabajo y vida social.

Que tomemos conciencia comprometida, con nuestro Bautismo y Confirmación, ser profetas del Señor Jesús y cumplamos fielmente la misión que Dios nos confía, de ser luz del mundo para anunciar constantemente el arrepentimiento y el seguimiento de Cristo, con el amor, la fuerza, decisión y valentía de San Juan Bautista!

Obispo emérito de Zacatecas*