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El Día del Señor
Dios es amor del padre, del hijo y del Espíritu Santo
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
27 de Mayo del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Una vez terminado el Tiempo Pascual, nos reencontramos con el Tiempo Ordinario, que se abre precisamente con la Solemnidad de La Santísima Trinidad.

Esta celebración recoge toda la experiencia vivida del Tiempo Pascual, en el cual se ha explicitado, lo que es propio del Padre, quien nos entrega a su Hijo por amor y nos ofrece la salvación a través de él; el Hijo que al hacerse hombre, vive cumpliendo la voluntad de su Padre, hasta el extremo de la muerte en el ara de la cruz y de quien recibimos el mandato esencial del amor a Dios y a los hermanos como forma de vida auténtica y por último, la promesa del Espíritu, quien viniendo del Padre y del Hijo, nos transforma con su fuego divino y pone su morada en nuestras almas y en nuestros corazones.

El misterio de Dios en los labios de Jesús

Cuando tenemos a la vista la verdad revelada de Dios, uno en su ser y trino en sus personas, nos pueden asaltar preguntas, como las siguientes: ¿Quién es Dios? ¿Qué imagen podemos tener de él? ¿Qué significa Dios en las culturas y pueblos de hoy, en los cuales se dan actualmente formas de ateísmo como negación de su existencia? De antemano es imprescindible para dar respuestas a las preguntas que acabamos de formular, recurrir a las enseñanzas de Cristo, gran revelador de Dios altísimo.

Los creyentes en Cristo debemos ser fieles adoradores

Siempre, en la vida de las generaciones que se suceden en este mundo, debemos tener conciencia de nuestra fe en el único Dios verdadero y no caer

en dioses sustitutos que niegan en la vida práctica su ser y su existir, como única fuente de amor y permanencia en nuestras vidas en el hoy histórico y abiertos a la eternidad.

Conclusión

Si de verdad creemos en el Dios de Nuestro Señor Jesucristo, hemos de reconocerlo como el absoluto, como el único Dios celoso que no tolera competidores.

Por eso eliminando de nuestra vida los ídolos de la muerte: dinero avaramente poseído, lujuria y soberbia, adhirámonos, a nuestro Dios de vida y que es Amor.

Obispo emérito de Zacatecas*