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El Recreo
¿La oratoria o la realidad?
J. Luis Medina Lizalde
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26 de Abril del 2018 15:47 hrs
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Liga Corta




¿Qué  influye más en los votantes, la oratoria o la realidad? Apenas agarraba vuelo el “posdebate” cuando el mundo se cimbró con el anuncio de que los tres estudiantes de cine desaparecidos en Guadalajara habían sido disueltos en ácido y que se detuvo a un rapero que confesó ser el que lo hizo.

Mientras  la radio y  la televisión  derrochaban “pluralismo” mediante voceros que repetían como loros que su respectivo representado había ganado el debate sustentando su dicho en una lista de trivialidades pronunciadas con tono doctoral, la suerte de los jóvenes arrancó lágrimas en no pocos: La postura de Guillermo Del Toro con los reflectores internacionales encima  por el Oscar obtenido, le dio difusión mundial a la tragedia,  a pocas semanas de que en la misma región tapatía, tres italianos fueron entregados al crimen organizado por policías a cambio de mil pesos.

La insensibilidad de los comentócratas se puso de manifiesto, los conductores hablaban y hablaban de El Bronco y sus bufonerías, de si Margarita tartamudea  y de los departamentos de AMLO, repetían que todos contra AMLO y que el lenguaje corporal del puntero reflejaba incomodidad y una sarta de subjetividades de vigencia efímera.

El procedimiento de disolución de cuerpos humanos en tambos de 200 litros es utilizado prácticamente en todo el territorio nacional, en las cárceles mexicanas están varios sujetos conocidos popularmente como “pozoleros”, algunos de ellos procedían de algún cuerpo policiaco y ahora se sabe que también  era  el macabro oficio de un rapero.

 

Insesibles y superficiales

El debate tuvo momentos estelares cuando un participante recibía un cuestionamiento del tipo “que me cuerne el toro” para poner en aprietos a un oponente, como la  pregunta a Meade: “¿En su opinión el presidente Peña Nieto es honesto”?  Si dice que si, malo, porque queda bien con el presidente, pero mal con el electorado furioso con  su mandato, que según todos los datos disponibles, es ampliamente mayoritario, si contestaba lo contrario, es decir, que Peña Nieto no es honesto, se anotaba un golazo con ese electorado, pero perdía al único factor que lo sostiene.

Zacatecas registra cientos y cientos de casos de gente que simplemente desapareció, como los integrantes del grupo de cazadores procedentes de Guanajuato que cayeron en manos de un cártel en la Sierra de Morones y de los cuales no se supo más. La lista de probables disueltos en tambos de ácido no tiene asideros institucionales, solo la investigación de campo podrá darnos una idea aproximada.

Mientras los simples mortales nos conmovíamos con el trágico final de los jóvenes que se soñaban triunfando en las artes cinematográficas, los comentócratas de planta y los eventuales reiteraban que López Obrador no contestó con un sí o con un no, si impulsaría la amnistía, a la que mentirosamente se le presenta como fracasada en Colombia y El Salvador, si AMLO hubiera dicho SI, lo que nació como propuesta de reflexión se habría convertido en un anuncio programático  y si contesta que NO, habría renunciado de antemano a uno de los recursos más utilizados contra situaciones de violencia que rebasan las posibilidades de respuestas institucionales ordinarias.

Imposible que la tragedia de los jóvenes estudiantes no traiga a nuestra mente que el joven hijo del conocido ganadero Nemesio Vázquez no fue devuelto a pesar del pago del rescate, y que los restos humanos en extremo calcinados encontrados en Loreto pueden corresponder  o no, a tantos y tantas que por nuestra mente pasan.

La superficialidad de la comentocracia  no se mide cuando busca convencernos de que  un factor determinante en el triunfo y la derrota, en  el primero que hubo por televisión en el mundo, obtuvo la victoria John F. Kennedy sobre Richard Nixon porque este último no se dejó maquillar para  salir en pantalla.

¿Qué nos impacta más como ciudadanos a la hora de apoyar o rechazar una opción política? ¿Su oratoria?  ¿Su presencia física  como lo sugiere la porra más patética de la historia electoral: “Peña, bombón, te quiero en mi colchón”? 

 

“Es la realidad, estúpidos”

El estadista más reconocido por la historia, don Benito Juárez, siendo dueño de culta oratoria, no cumplía con los cánones estéticos de la cultura occidental.

El presidente más querido por su pueblo, el general Lázaro Cárdenas, no ganaría un torneo de oratoria en la secundaria, era versado en el arte de escuchar pero corto, muy corto de palabra,  le llamaban “la esfinge” por eso.

 Faltan dos debates complementados por sendas entrevistas y mesas redondas de  especializados en superficialidades en tono doctoral.

 Mientras, la corrupción y la violencia nos recuerdan  el infierno del que queremos salir.

El que mejor entienda eso ganará.

Nos encontramos el lunes en El Recreo.