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Crónicas de violencia
El horror de morir cuando no te toca
Lilith Rivera
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18 de Abril del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Archivo / El muchacho fue asesinado de cuatro balazos, mientras trabajaba.

Su deseo y su sueño era dar a su hijo una vida mejor que la de él. El Seco siempre había vivido en la pobreza y solo tenía la secundaria terminada; trabajó en una fábrica donde conoció al amor de su vida, pero el pago irrisorio lo obligó a renunciar y a trabajar de limpiaparabrisas. 

Sin embargo, no vivió para ver crecer a su hijo, ni su casa terminada, pues un domingo, sujetos armados a bordo de una motocicleta llegaron y dispararon contra él; según las investigaciones de las autoridades, su homicidio se trató de una equivocación.

 

Su vida

El Seco vivía en una colonia popular, desde pequeño fue muy trabajador y al terminar la secundaria dejó de estudiar para contribuir con la economía familiar, pues en su hogar había muchas necesidades y carencias. 

Muy joven comenzó a trabajar en una fábrica cercana a su casa, pero el pago no alcanzaba ni los 500 pesos semanales, sin embargo, se quedó algunos años ahí porque sabía que era peor no trabajar. 

En ese lugar conoció a una mujer, de la que se enamoró perdidamente y a la que le propuso vivir juntos, sabía que al hacer esto tenía que dejar el trabajo en la manufacturera, pues el salario no le alcanzaría para mantener a su pareja y a la niña que ella tenía producto de una relación. 

Fue así como comenzó a pedir trabajo en otros lugares, pero se enfrentó a una realidad peor de la que esperaba: había pocas vacantes y en donde solicitó empleo no se lo dieron. 

Obligado por las circunstancias, El Seco comenzó a trabajar como limpiaparabrisas en un crucero muy transitado de su ciudad de origen. 

Cada día llegaba desde las 7 de la mañana al crucero donde una vendedora de periódicos y otro limpiaparabrisas se convirtieron en su familia. 

Desde esa hora y hasta las 8 o 9 de la noche trabajaba El Seco, pero siempre con una sonrisa. En él había algo diferente a otros, tenía calidez y su mirada era transparente, además de ser sumamente educado.

Trabajaba más de 12 horas diarias, pues así lograba que sus ingresos oscilaran entre los  600 y mil pesos diarios. 

Con ese dinero, además de pagar la renta, pudo vestir y alimentar a su familia, así como comprar dos terrenos y fincar una casita. 

Su vida se llenó de más sentido cuando se enteró que sería padre de un niño y eso lo hacía esforzarse aún más. 

 

Los peligros

En el crucero los dos limpiaparabrisas y la vendedora de periódicos se enfrentaron a distintos riesgos. 

En una ocasión trataron de “encajuelarlos” porque pensaron que vendían droga, pero al comprobar que eran inocentes trataron de obligarlos a vender y al negarse los amenazaron. 

En otra ocasión, unos borrachos trataron de atropellarlos y no pocas veces se enfrentaron al desprecio de los automovilistas y a las agresiones de “los halcones”. 

Además de que muchos los veían con desdén por sus respectivos oficios. 

 

El asesinato 

Un domingo a las 11 de la mañana, como cada día El Seco estaba en su crucero, cuando se acercó a él una motocicleta con dos hombres, de los cuales, uno sacó su arma y de cuatro balazos le arrebató la vida. 

Después, las autoridades informaron que el hecho se trataba de un ajuste de cuentas entre células del crimen organizado, pero que habían confundido a El Seco con otro limpiaparabrisas. 

 

La causa

Después se supo que a quien querían asesinar, y lo hicieron un año después, fue al otro limpiaparabrisas, por una venganza contra su hermano.

Esta “equivocación” dejó sin padre a dos niños, sin pareja a una esposa y mucho llanto y un dolor interminable en sus padres. Sobre todo en su papá, pues al enterarse de la manera en la que murió su hijo se enfermó y fue diagnosticado con diabetes. 

Hoy, a dos años de su muerte, su padre está a punto de fallecer debido a una complicación de su enfermedad y su madre no hay un día que deje de llorar. 

Aunque su esposa rehízo su vida, extraña el amor y la dedicación que El Seco siempre le tuvo.