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El Día del Señor
Creer hoy a partir de la resurrección de Jesucristo
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
15 de Abril del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / Creer en Dios aliementa al espíritu.

El tiempo pascual en nuestras celebraciones dominicales de la eucaristía, nos ofrece crecer en nuestra fe, al sellarla y confirmarla a partir de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, actuando en nosotros la voluntad del Padre eterno y la presencia vivificante del Espíritu Santo.

La fe es un don, un regalo gratuito y sorprendente de Dios uno y trino.

El bautismo es el sacramento que nos da nuestra fe unida a las virtudes de la esperanza y del amor a Dios y a los prójimos, como plenitud de la ley, tanto del Antiguo Testamento, como del Nuevo.

Recurriendo a la carta a los Hebreos encontramos en ella una maravillosa definición históricamente descriptiva, que ilumina nuestra fe y su camino en la tierra y abierta a la eternidad gozosa del cielo, que precisamente crece y se asegura con los testigos que la han vivido y testimoniado, escuchemos pues: “La fe es el fundamento de lo que se espera y la prueba de lo que no se ve.

Por ella obtuvieron nuestros antepasados la aprobación de Dios. La fe es la que nos hace comprender que el mundo ha sido formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible proviene de lo invisible” (Heb. 11, 1-3).

Y en seguida, en todo este capítulo de esta carta, su autor inspirado por Dios, nos describe la fe de los antepasados, comenzando con la fe de Abel tan grato a los ojos de Dios por sus oblaciones que le ofreció, amándolo y adorándolo.

Desde estos testimonios que narran la afirmación y el desarrollo de la fe “de nuestros mayores”, podremos entender y comprender, al menos algo, toda la validez de su fe “Y sin embargo, todos ellos tan acreditados por su fe, no obtuvieron la promesa, porque Dios, con una providencia más misericordiosa para con nosotros, no quiso que llegaran sin nosotros a la perfección final” (Heb. 11, 39-40).

Creer a partir de la resurrección 

En estos domingos de Pascua, Jesús resucitado ha confirmado la fe de sus discípulos y testigos elegidos, para trasmitir a todas las generaciones a lo largo del tiempo, el espacio y la historia el acontecimiento cierto, seguro y firme de la Resurrección del Señor Jesús. 

Así, en el evangelio de este domingo tercero de Pascua, Jesús vuelve a estar presente con sus discípulos, para confirmarlos en su fe y hacerlos testigos sólidos de su vida resucitada con el mandato de predicar esta buena nueva del Reino de Dios.

Vuelve a darles la paz y todavía sus discípulos, llenos de temor y un tanto desconcertados e incrédulos, creían ver a un fantasma. Jesús les dice: “No teman soy yo, ¿Porqué se espantan? ¿Porqué surgen dudas en su interior?  Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona.

Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene carne ni huesos, como ven que tengo yo. Y les mostró las manos y los pies.

Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: ¿Tienen algo de comer? Le ofrecieron un trozo de pecado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos”.
Después de lo anterior que acabamos de consignar, acontece algo muy importante que expresó Jesús de la siguiente manera.

 “Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.

Luego les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras. Les habló acerca de que el Mesías (Jesús) tenía que padecer mucho, que habría de morir y luego habría de resucitar de entre los muertos al tercer día y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. "ustedes son testigos de esto”.

Creer hoy en cristo resucitado a través de la palabra

A la fe no se llega por razonamientos y argumentos contundentes, sino por la entrega, la confianza, el encuentro personal y la aceptación de Dios a través de su palabra. 

Es decir, cuando el evangelio penetra hasta lo más íntimo y recóndito del corazón humano. El corazón es el que siente a Dios, no la pura razón tan limitada y tan subjetiva.

Y sin embargo la fe es razonable porque va de acuerdo al modo de ser humano que es elevado por la gracia divina para que se acepte a Cristo revelador del Padre y con la potencia del Espíritu Santo.

Para los cristianos de estas generaciones, es comprometerse gozosamente con Dios con nuestra conciencia y actitudes personales para con los demás, dando testimonio firmísimo de Jesucristo, muerto y resucitado.

Sin temores y angustias, con verdadera valentía confiando en la potencia divina.

Creer hoy en un mundo tan complejo dominado por los medios eficaces de comunicación social con acceso a toda clase de informaciones incesantes y variadísimas.

Hoy Dios nos pide realizar nuestra fe en él y su plan de salvación, con nuestras conciencias y actitudes personales, con los demás, con el mundo que nos rodea y con la vida en su desarrollo variado y constante.

Creer es vivir toda nuestra vida con espíritu de alegría y gozo pascuales, como resurrección perenne y nacimiento constante a la vida nueva que Dios nos ofrece y atreverse.

Dando razón de nuestra esperanza como los discípulos y testigos misioneros de Cristo a pesar de la duda, la indiferencia, y del egoísmo individualista; de la injusticia y el desamor; de la vulgaridad superficial, y de la muerte que para muchos es acontecer inevitable y sin sentido. Dios nos pide nuestra conversión dejando los pecados y la dureza del corazón.

¡Somos ahora y para siempre, los testigos comprometidos de Jesús, con el gozo inaudito e inmenso de su gloriosa resurrección, ahora en nuestro caminar por este mundo, hasta alcanzar la plenitud de nuestra vocación en la comunión del cielo!

Obispo Emérito de Zacatecas*