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Trotamundos
Jacarandas en Flor
Raúl Muñoz del Cojo
~
07 de Abril del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Hoy compartiré con usted un tema que hace algunos días un amigo hotelero compartió en sus redes sociales. Después de leerlo, indagué un poco más en la historia de nuestro país y créame que descubrí cosas muy interesantes. 

Estoy seguro que en algún momento de su vida ha tenido la oportunidad de ver árboles de jacaranda, catalogados por un servidor como muy bonitos y por supuesto, han despertado inspiración entre nuestros compositores, comparando la hermosura de los ojos de una mujer con una jacaranda en flor. 

Ojalá y le haya tocado una visita por la Ciudad de México en los meses de marzo y abril, temporada en que estos árboles con sus flores adornan gran parte de las avenidas de la capital. Pero ¿Cómo llegaron estos árboles a la ciudad? 

El relato comienza fuera de México donde en el año de 1912, el alcalde de Tokio obsequió a los Estados Unidos cerca de 3 mil árboles de cerezo que se plantaron en la capital de ese país, dando a ese lugar después de algunos años una personalidad incomparable pintando el paisaje en primavera, época en la que los cerezos estaban en flor. 

El presidente Pascual Ortiz Rubio durante su estancia en el cargo (1930-1932) trató de hacer lo mismo y solicitó al gobierno japonés la donación de este tipo de árboles para colocarlos en las principales avenidas de la ciudad como símbolo de amistad entre ambos pueblos. 

La respuesta fue rápida y el ministerio del exterior de Japón le pidió a un emigrante que ya tenía décadas de residir en México, Tatsugoro Matsumoto, su consejo para determinar si era factible que la flor se adaptara a las condiciones de la ciudad.

El emigrante explicó a ambos gobiernos que la floración del cerezo era muy poco probable debido a que la planta requiere de un cambio mucho más brusco de temperatura entre las estaciones del invierno y la primavera. Debido a esta opinión experta, el proyecto se desechó rápidamente. 

Tatsugoro fue uno de los primeros emigrantes que arribaron a México, justo un año antes de la primera emigración masiva de pioneros japoneses a Chiapas en el año de 1897. De hecho el Sr. Matsumoto fue uno de los primeros emigrantes a América Latina, ya que previo a su arribo a nuestro país trabajó en Perú, creando un jardín japonés en uno de los lugares más famosos de la ciudad de Lima, la llamada Quinta Heeren. 

Allí conoció a un pudiente hacendado minero mexicano quien quedó maravillado por la obra de Matsumoto. José Landero y Coss invitó a este personaje a su Hacienda de San Juan Hueyapan, cercana a la ciudad de Pachuca para que hiciera un jardín del mismo tipo con un lago artificial. 
Después de culminar dicho proyecto, Tatsugoro regresó a Japón para visitar a su esposa, pero ya traía la firme intención de establecerse definitivamente en México. 

En el tiempo de la llegada de esta personalidad del sol naciente a Mexico, la colonia Roma era uno de los barrios as elegantes de la ciudad y fue el lugar preferido donde los nuevos ricos de la época Porfirio a establecieron sus residencias.

Estas casas como era de esperarse tenían amplias extensiones de jardín donde surgió la necesidad de tener a alguien que cuidara de estas áreas verdes, pero por lo hermoso de estos lugares, los habitantes de estas residencias no necesitaban a un simple jardinero, solicitaban en aquella época algo similar a lo que ahora sería un arquitecto paisajista. 

Su inigualable trabajo le creó tal fama que llegó a los oídos de Don Porfirio Díaz, quien le pediría se hiciera cargo de los arreglos florales de la residencia presidencial en el castillo de Chapultepec, así como del mismo bosque que rodeaba el castillo. 

Tras la primera celebración de la independencia, el gobierno de Don Porfirio invitó a varias representaciones internacionales, entre ellas a Japón misma que patrocinó una muy grande exposición de productos japoneses en el Palacio de Cristal, conocido actualmente como el Museo del Chopo. A un costado del palacio, Matsumoto montó un jardín con un lago artificial que inauguraron el propio presidente Díaz y la delegación diplomática japonesa. 

En ese mismo 1910 el hijo de Matsumoto llegó a nuestro país reforzando la administración de la empresa punto que su padre tenía un poco descuidada. 

Después de sortear las dificultades del enfrentamiento armando en nuestro país, los Matsumoto recomendaron al presidente Álvaro Obregón plantar en las principales avenidas de la Ciudad de México árboles de jacaranda que Tatsugoro había importado de Brasil y reproducido con mucho éxito en sus viveros. 

Las condiciones de la capital eran idóneas para que al inicio de la primavera el árbol mostrara sus encantos con la flor de jacaranda. Era tan hábil este ilustre Japonés que consideró que las flores durarían mas tiempo que en su natal Brasil por la falta de lluvias en temporada de primavera. 

Es verdaderamente impresionante la visión que tuvo este emigrante para beneficio de nosotros, ya que dicho árbol se reprodujo ampliamente por toda la ciudad al grado de considerarse flor nativa de México. 

Matsumoto jamás regresó a Japón y en 1955 murió a los 94 años de edad, dejándonos un legado de belleza del cual a la fecha puede ser testigo.

Como verá, nuestro país esconde notas de todo el mundo, entonces ¿Por qué no visitar nuestra capital en los meses de primavera?

Hasta la próxima.