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El Día del Señor
La resurrección de Jesucristo
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
01 de Abril del 2018 16:49 hrs
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Liga Corta




Cortesía / Es el acontecimiento salvador que en este día nos llena de gozo.

Estamos comenzando ya el tiempo litúrgico de la Pascua, como misterio central de nuestra fe cristiana y que comienza con la celebración nocturna de la gran vigilia del sábado santo.

Este tiempo pascual comprende: la cincuentena pascual y después de siete semanas, concluye en Pentecostés.

La Resurrección de Cristo es: 1º. La celebración cumbre y central de todo el año litúrgico, así como el misterio que celebramos cultualmente cada domingo del año como Día del Señor.

2º. La verdad núcleo de nuestro cristianismo, el fundamento, contenido y raíz de nuestra fe y esperanza.

3º.- El momento cumbre en toda la vida de Jesús y del plan o proyecto de salvación temporal y eterna de Dios salvador.

4º.- El germen o semilla que da comienzo a una vida nueva e insospechada para Cristo y para toda la humanidad de generación en generación hasta completar el número de los elegidos, cuando Jesús venga a juzgar a vivos y a muertos y de esta manera llevar a su eterno esplendor nuestra comunión con Jesús y todos sus santos en el cielo.

Recordando la enseñanza de San Pablo referente a la resurrección de Cristo y nuestra participación en ella, decimos: “Si Cristo no resucitó, nuestra predicación carece de fundamento, y nuestra fe, lo mismo… Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. 

¡Pero, no! Cristo ha resucitado de entre los muertos: el primero de todos”. (1a. Cor 15, 14 y ss.).


La resurrección de Jesucristo, como revelación divina, objeto inconmovible de nuestr afe cierta, don de Dios

El hecho de la resurrección lo ha constatado la Iglesia a través de testigos cualificados que el Señor eligió para que, con su testimonio y su vida entera, pudieran dar razón de la vida de Cristo, muerto sí, pero también glorioso y lleno de vida después de sufrir su pasión y muerte dolorosa en la cruz. 

De acuerdo con el evangelio, María Magdalena al ir muy de mañana a la tumba de Cristo, el domingo de la resurrección, encontró la pesada piedra que cerraba el sepulcro removida y ella creyendo que se habían llevado el cuerpo del Señor, corrió presurosa para avisar a los apóstoles, Pedro y Juan que se habían llevado el cuerpo de Jesús y les dijo: 

¿Quién se lo habría llevado? Entonces Pedro y Juan corrieron juntos al sepulcro y constataron efectivamente que el cuerpo del Señor ya no estaba y que únicamente lo que había quedado eran los lienzos de su mortaja colocados en el sepulcro y doblados con cuidado y orden.

Con el paso de los días, el Señor resucitado se fue apareciendo en diversas ocasiones a sus discípulos y apóstoles, para que fueran tomando conciencia, real y verdadera, de que había muerto, pero que ahora en una nueva condición de vida transparente y absolutamente luminosa, les aseguraba su fe para que entonces pudieran ser los testigos auténticos, heraldos y misioneros del hecho trascendente y glorioso de su nueva vida, radiante y bella.

Vivamos ahora y para siempre el misterio de la resurrección de Jesucristo

Todos los días y con el paso de las generaciones y hasta la nuestra, tomamos conciencia dolorosa y angustiosa muchas veces del misterio de la muerte que acaba con nuestras existencias en este mundo, que nos ve nacer, crecer y vivir día con día, hasta la hora en que Dios poderoso, quien nos ha dado la vida a través de nuestros padres, nos llama a todos y cada uno para acceder a la vida resucitada que por la fe, la esperanza y el amor a Dios y a nuestros prójimos, por gracia y beneplácito divino, nos comparte victoriosamente, superando el pecado y la muerte definitiva y eterna.

Somos los hijos de Dios, hermanos de Cristo primogénito y primer resucitado, quien nos hace pasar, por medio del bautismo, demás sacramentos, la palabra evangélica y la acción vivificante del Espíritu Santo, de la muerte a la vida indestructible de nuestra resurrección de entre los muertos.

Conclusión

La resurrección del Señor es el acontecimiento salvador que en este día nos llena de gozo, y que debemos creer, proclamar y testimoniar mediante nuestra vida de resucitados en Cristo, buscando los bienes de allá arriba donde está Jesucristo, quitando la vieja levadura del pecado para ser masa nueva. 

Precisamente hoy, es día de repetir con fe profunda, gozosa y comunitaria: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección: ¡Ven Señor Jesús!”. 

Pues Cristo Resucitado es la máxima esperanza de liberación para nosotros, para todo hombre y mujer, para el mundo entero, que en la plenitud de los tiempos mesiánicos, proclamamos, nuestra salvación y redención eternamente.

*Obispo emérito de Zacatecas