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Historias de Lobos
Mi delito... Justificarlo y culparme
Ivonne Nava García
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18 de Marzo del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




La situación de una mujer víctima de violencia conyugal resulta ser a veces incomprensible. Es muy fácil juzgar desde afuera y opinar sobre lo sencillo que podría ser dejar a ese hombre que tanto daño les ha hecho.

Sin embargo, el sentimiento de minusvalía que causa ser víctima constante de malos tratos, va aminorando la autoestima de tal manera que en verdad llegan a creer que solas no podrán con todo. O que si lo dejan las encontrará y las matará. O simplemente que ellas son las culpables de lo que pasa.

Es la historia de una de ellas, víctima del machismo y desprecio. Sufrió toda clase de humillaciones, tratos degradantes y lesiones graves.

María

Me casé con él por todas las leyes. Ahí en el rancho se usa que de primero nos roban a una y luego el hombre y sus papás van a hablar con los papás de una y se arregla el matrimonio. Nos casamos y nos vinimos a vivir aquí, porque él trabajaba como albañil y ya había hecho unos cuartitos. Me daba 250 pesos a la semana para el gasto de la comida. Yo le tenía que preparar el lonche, sus tacos de frijoles con chile y tenerle la sopa, los frijoles y el chile para cuando regresara a las ocho de la noche. A veces no me alcanzaba y él se enojaba mucho porque yo le pedía más dinero.

La primera vez

Yo quedé embarazada luego, luego. Como al segundo mes me sentía muy mal, porque me daban muchas ganas de vomitar y eso a él le daba mucho asco. Empezó a llegar tomado. Así supe lo que me esperaba. La primera vez que me pegó llegó borracho ya casi para amanecer, me dijo que me levantara a servirle de cenar. Me levanté y me dio el vómito, el me escuchó y cuando estaba en el baño me tiró una patada por la espalda, me dijo que era una vieja asquerosa y que le daba mucho asco. Me jaló de los cabellos y me llevó a puros empujones a la estufa, me decía, préndela vieja estúpida. Me aventaba la cabeza contra la estufa, yo le decía que me dejara, que yo lo quería, que porqué me hacía eso. Me dijo que me aguantara que para eso era su vieja.

Yo gritaba porque tenía prendida la estufa y me quería quemar la cara. En eso me empujó y yo metí las manos, pero me las quemé porque agarré las parrillas calientes. Aún llevó las marcas. Fue mucho dolor, pero fue más que yo no comprendía qué pasaba, le eché la culpa al alcohol, después entendí que eso solo hacía que él sacará su verdadero yo.

Se arrepintió

Estaba muy arrepentido cuando me vio las llagas en las manos, me llevó al hospital, dije que me quemé con la estufa porque me iba a caer y me detuve de ahí. El solo decía que sí y me curaron, pero el dolor me duró varios días.

No podía hacer nada, menos lavar trastes porque me ardían mis manos.

De ahí se empezó a portar muy bien conmigo. Me pidió perdón de rodillas, me dijo que él me amaba, me compró una batita de maternidad. Yo creí que ya había cambiado.

Otra crisis

Las cosas estaban bien, al menos en el embarazo no me volvió a pegar. Nada más estaba muy indiferente conmigo. Llegó el tiempo en que ya iba a parir. Me llevó al Hospital Civil. Ahí se estuvo conmigo, tuvimos cuatitos.

Las cosas otra vez cambiaron porque no soportaba que los niños lloraran. Lloraban al mismo tiempo y él no me ayudaba nadita, yo como podía los amamantaba a los dos a la vez.

Mi mamá me iba a ayudar y me hacía mis atoles y me daba mi alfalfa para que estuvieran bien criados. Este hombre ni la cuarentena se quería esperar para que tuviéramos relaciones, yo volví a salir embarazada como al mes de los cuates.

Empecé a engordar mucho, y este hombre no me volvió a tocar, me decía que estaba asquerosa y que yo ya no me le antojaba como mujer, yo empecé a estar triste todo el día, los niños no dejaban de llorar, yo me sentía mal por las náuseas, me decía que me largara que porque ya se iba a llevar a la casa a otra mujer que si le gustara.

Parto

Ya iba a nacer la niña y ni siquiera me quiso llevar al hospital. Se fue y me dejó ahí sola con los cuates y ya con la fuente rota.

Tenía que ir al hospital, pero cómo me llevaba a los niños. Para esto, me fui caminando de Guadalupe, más para allá de Martínez Domínguez.

Me llevé a los cuates, se me hacía que ya no llegaba, yo no traía para el camión, ni tenía para el hospital. Cuando llegué a la casa de mis papás me desmayé, le llamaron a la ambulancia, mi niña casi se me muere, pero nos salvaron.

El desenlace

Este hombre estaba muy enojado porque mis papás se habían metido y juró que me iba a matar.

Cuando salí del hospital me fui para con mis papás y llegó a quererse llevar a los cuates, estaba muy borracho y drogado.

Mi papá no estaba y mi mamá había ido al nixtamal. Yo como pude se los quité, pero él me pegó con un mazo en la cara.

Me rompió la mandíbula de abajo, me tumbó unas muelas y yo caí privada. Tenía 10 días de haber dado a luz a la niña.

La vecina se dio cuenta y le llamó a la policía. Lo pudieron agarrar. Yo le puse demanda y le dieron cinco años. El juró que me va a matar en cuanto salga.

Ya mero sale, no ha visto a los niños, yo me quiero ir para el norte para que no nos haga nada. Tengo mucho miedo, todos los días vivo con miedo.

Mis papás me dijeron que debí haberles dicho desde la primera vez que me lastimó. Pero yo siempre pensaba que cambiaría, que solo era esa vez, que era el alcohol, que era el dinero, pero sobre todo me echaba la culpa a mí, por fea, gorda, por todo. Yo lo justificaba a él.

Violencia de género paso a paso

El suceso violento no es el resultado de un hecho aislado, ya que se produce de manera sistemática.

- Suelen ser invisibles, es decir, aparecen en un entorno privado y son las mismas mujeres las que se esconden presas del pánico que les genera tener que exponer su realidad.

- Muchas veces el agresor ofrece una imagen “impecable” hacia la sociedad, lo que por desgracia convierte la situación en un estado difícil de creer o comprender.

- Existe en las víctimas la sensación de que las circunstancias que están viviendo no resultan tan graves como para manifestarlas públicamente, hecho que conlleva una dificultad añadida en el momento de buscar ayuda externa.

- Todo este engranaje es fruto de una auténtica desigualdad entre hombres y mujeres, derivada, del código patriarcal que aún a día de hoy resuena entre la sociedad. Este código es el mismo que conduce al agresor a utilizar mecanismos de control y condena sobre la mujer.

- No es exclusiva de ningún tipo de estrato social, ni grado académico, ni cultura, idioma, etcétera, cualquier mujer puede ser víctima.

“Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos, tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”

Eduardo Galeano