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El Día del Señor
Adoradores en espíritu y en verdad
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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04 de Marzo del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / Adorar va más allá de decir plegarias, hay que ser buenos seres en mente y oficio.

Hermanos: conectando este domingo tercero de cuaresma, con los dos anteriores, decimos: la primera lectura de este domingo nos hace presente la Alianza del monte Sinaí, después de haber considerado, la  Alianza universal con Noé al enviar Dios el diluvio (primer domingo) y la renovada Alianza con Abraham, padre de los creyentes (segundo domingo).

Ahora en este domingo, el evangelio nos relata el primer anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Es interesante hacer ver este desarrollo de temas, porque de esta manera se nos enseña claramente, la relación de las alianzas antiguas y anteriores, con la nueva y eterna Alianza que Dios ha pactado en la plenitud de los tiempos con la humanidad por mediación de Jesucristo, nuestro Señor.

Dios quiere que seamos adoradores en espíritu y en verdad

Este es el tema de nuestra homilía de hoy, porque nos hace ver de qué manera debemos vivir la alianza de amor y de servicio que el Padre ha pactado con todos los hombres, a quienes quiere salvar por medio de su Hijo hecho hombre.

Teniendo en cuenta esto que ahora decimos, precisamos los puntos doctrinales de nuestra liturgia de la palabra: la ley dada a Moisés por Dios en el monte Sinaí; la redención de los hombres por medio de la cruz en la cual el Hijo de Dios hecho hombre nos ha redimido y el nuevo templo en Cristo Jesús en el cual Dios quiere que nos incorporemos a su pasión, muerte y resurrección.

Continuemos ahora explicando estos puntos que nos ofrecen las lecturas de la Palabra de Dios en este domingo:

a).-  La primera lectura tomada del libro del Éxodo, es Dios mismo en el Monte Sinaí, quien por medio de Moisés ha dado diez palabras o Decálogo, que expresa de que manera realiza la Alianza con su pueblo elegido a quien liberó de la esclavitud de Egipto.

El Señor Dios hace saber a los israelitas, porque hace la Alianza dándoles los mandamientos que expresan fielmente su voluntad: “Porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso”.

Esta ley dada al pueblo por Moisés es dada a todos los hombres, con amor. Es ayuda e invitación a la manera de comportarnos ante Dios y ante los demás. Y estos mandamientos Cristo en la nueva Alianza los asume y los lleva a su plenitud con la nueva Alianza que Dios pacta definitivamente con todas las generaciones en la historia de salvación y para el más allá.

b).- La redención de los hombres liberados del pecado y la muerte eterna, Cristo la realiza muriendo en la cruz, dándonos toda su vida divina y humana como manifestación del infinito e inmenso amor que ha tenido, tiene y tendrá por todos los hombres de todas las razas y naciones y sin acepción de personas, porque todos somos iguales a los ojos de Dios; porque nos ha creado y elevado a la vida sobrenatural de la gracia.

El Padre eterno con la luz y la fuerza del amor del Espíritu Santo, ha querido darnos la vida renovada después y por razón del pecado, con la debilidad de Jesús hecho hombre y con la necedad de la cruz, según lo entendieron los griegos, cuya sabiduría humana queda oscurecida por la sabiduría infinita y trascendente de su pasión, muerte y resurrección.

c).-  En el evangelio, Jesús no tolera ni acepta que el Templo, casa de su Padre, se convierta en un mercado que lo profana.

Jesús actúa con energía arrojando a los mercaderes del atrio del Templo. Cuando las autoridades religiosas le preguntan con qué autoridad hacía eso, el Señor les responde que destruyan el Templo y que en tres días lo reconstruirá.

A lo cual enérgicamente le responden que la construcción de ese Templo llevó cuarenta y seis años y cómo es que él lo reconstruiría en tres días.

Pero él no se refería ya al Templo material, sino a su propio cuerpo que después de su muerte lo resucitaría glorioso al tercer día y para la eternidad.

 

Adorar a Dios en espíritu y en verdad

Todo lo que acabamos de contemplar en nuestra homilía, nos hace ver que la ley, la cruz y la muerte y resurrección de Jesucristo, son necesarios en la libertad y el designio de Dios a favor de nuestra salvación, para cumplir su voluntad, cuando Jesucristo al hablar con la samaritana junto al pozo de Jacob, le reveló: “Créeme, mujer, ha llegado ya la hora en la cual los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad.

La mujer le dijo: Ya sé que el Mesías, es decir el Cristo, está a punto de llegar, cuando él venga nos lo explicará todo. Entonces Jesús le dijo: Soy yo, el que está hablando contigo” (Jn 4,21-26).

Al recibir ahora nosotros esta revelación de Jesús, pidamos a Dios Padre, movidos por el Espíritu Santo, vivir en consecuencia, siendo adorares de Dios en espíritu y en verdad, solamente así, cumpliendo el designio divino, en todos los lugares de la tierra, seremos con nuestra vida y testimonio cristianos, los heraldos gozosos y comprometidos del Reino de Dios.

 

Obispo Emérito de Zacatecas