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El Día del Señor
La cuaresma, tiempo fuerte para la conversión
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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18 de Febrero del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / Esta cuaresma comenzó el 14 de febrero y termina el 29 de marzo.

Con el domingo pasado, hemos cerrado la primera sección del tiempo litúrgico ordinario y con este domingo primero  de cuaresma, iniciamos este tiempo que todo él se ordena para que realicemos nuestra conversión al encontrarnos con Dios.

Nos preparemos intensamente para celebrar la Pascua de Resurrección, centro vital de nuestra fe cristiana y fuente de abundantes gracias, para todos los que responsablemente, acepten la invitación del Padre eterno a participar en el misterio pascual, de muerte y resurrección de su Hijo hecho hombre, quien viene a salvarnos con el sello y poder del Espíritu Santo.

Empezamos, pues, el entrenamiento cuaresmal: un ejercicio práctico de auténtica vida cristiana, de escucha atenta de la Palabra de Dios, de oración, de renovación bautismal, de conversión al Señor y de amor a los hermanos.

Superando odios, divisiones y muertes que nacen de un corazón criminal y corrupto, muchas veces bajo el influjo de las tentaciones del demonio que llevan a los hombres a pecar, recibiendo la consigna liberadora del menaje de Jesús: “Conviértanse y crean en el  Evangelio”. 

Todo esto que acabamos de consignar, nos marcan el objetivo de este gran retiro del pueblo cristiano (la Iglesia), que es la cuarentena que estamos ya comenzando desde el pasado miércoles de ceniza.

Un programa de conversión
El evangelio de San Marcos correspondiente a este Ciclo B, no nos narra explícitamente las tentaciones que Jesús sufrió (como lo hacen los demás evangelistas), durante la cuarentena de su permanencia en la soledad del desierto. 

Su retiro fue prepararse inmediatamente a la vida apostólica proclamando el Reino de Dios y su misión profética, que inauguró con las siguientes palabras: “Porque se ha cumplido el tiempo, y el Reino de Dios está cerca, conviértanse y crean en el evangelio”.

Si nosotros queremos aceptar leal y sinceramente la invitación de Cristo para realizar nuestra conversión, tanto personal como comunitaria, tengamos en cuenta los siguientes signos que expresan y medios que reafirman esta conversión cuaresmal: la penitencia de cuaresma y las prácticas de esa penitencia (ceniza, ayuno y abstinencias).

Participación en la recepción del sacramento del perdón y la reconciliación con Dios y con los hermanos; la oración como diálogo con Dios; la escucha y la meditación de la palabra de Dios(celebraciones, retiros, conferencias  y ejercicios espirituales); el despliegue de la caridad con las obras de misericordia espirituales y corporales, como expresión viva de nuestro paso del egoísmo, de la soberbia y de la avaricia para compartir con los demás  bienes materiales y espirituales; dedicar tiempo para consolar, y estar presentes con nuestro tiempo y acción para hacer más llevadera la vida de dolor, enfermedad, soledad, agonía y muerte, etc.

Debemos desechar en estas prácticas cuaresmales la triple tentación: 1º. El materialismo que prima en la economía y el dinero, el tener y el gastar 2º. Entender y vivir mal nuestra religión de manera individualista y egoísta a toda costa. 3º. 

La idolatría que adora el dinero y el sexo mal vivido; el poder económico; el poder político y el dominio con el cual se ejerce; la explotación, la corrupción a todos los niveles y mandos de la dimensión política para servirse olvidándose que quien tiene cargos en la vida pública, son para servir honestamente, antes que “servirse”, etc.

Ir, con personas renovadas al encuentro con Cristo

La Pascua de Resurrección de Jesucristo y su participación en ella, de parte nuestra, es adquirir una vida nueva, inédita, gozosa y generosa más allá de los límites que cada uno tiene. 

Es resucitar del pecado y del peligro de la muerte eterna, de todo lo cual Cristo, muerto y resucitado, nos ha venido a redimir, salvar y liberar. Es, con la luz y la fuerza inagotable de Jesús glorioso y resucitado, caminar con las enseñanzas de su evangelio, viviendo una espiritualidad de amor y entrega con la fuerza y las gracias del Espíritu Santo, quien ha resucitado a Jesús por voluntad del Padre y también, que a nosotros nos hace vivir y participar de la Pascua gloriosa del Señor.

Conclusión
Que esta Cuaresma que estamos comenzando, sea en verdad, un tiempo fuerte y salvífico para la verdadera y auténtica conversión de nuestras almas creyentes y una preparación cuidadosa y comprometida para el encuentro radiante y reconfortante de Jesucristo resucitado, vida, esperanza nuestras y segura salvación en el tiempo histórico y para la eternidad, de gozo, consuelo y luz inapagable!