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El Día del Señor
La viña, símbolo transparente y noble del reino de Dios
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
08 de Octubre del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / El padre eterno constantemente ama y perdona.

Introducción

En toda la Biblia, la viña es un símbolo transparente y noble del Reino de Dios. Se aplica primero a las enseñanzas del Antiguo Testamento referidas a la historia de Israel como pueblo elegido por Dios entre los demás pueblos de la tierra, para hacer presente el misterio del Reino de Dios.

Esta historia, con su trama de bien y el mal, de fe e infidelidad, aparece reflejada en el canto del profeta Isaías (1ª. Lectura de hoy) y en la revelación del Nuevo Testamento, con la parábola de los viñadores homicidas del evangelio que hoy proclamamos.

Nuestra Iglesia recurre pedagógicamente a la figura de la viña en los dos domingos anteriores, cuando nos ha enseñado, primero, cómo los diversos trabajadores quienes, contratados por el dueño de una viña a diversas horas del día, pagándoles a todos y cada uno con un denario en absoluta justicia y suficiente remuneración.

Hace ocho días, contemplábamos la parábola de un padre dueño de su viña, que ordena a dos hijos suyos que fueran a trabajar a su viña.

Uno aceptó ir luego a ese trabajo, pero no fue. El otro hijo de plano dijo que él no quería ir…pero arrepentido, sí fue. ¿Cuál de los dos hijos cumplió verdaderamente con la voluntad del padre?: desde luego el que se arrepintió después que dijo no querer ir a trabajar, pero al fin, sí fue.

Hoy en este domingo, se completa la enseñanza de la viña como símbolo elocuente acerca del Reino de Dios, con la parábola que nos habla de los viñadores homicidas.

La viña como símbolo transparente y elocuente del reino de Dios

Primeramente, recurrimos a la profecía de Isaías (siglo octavo antes de Cristo), primera lectura de hoy, que nos habla de la viña de Dios.

Escuchemos: “Voy a cantar, en nombre de mi amado, una canción a su viña. Mi amado tenía una viña en una ladera fértil. Removió la tierra, quitó las piedras y plantó en ella vides selectas; edificó en medio una torre y excavó un lagar.

Él esperaba que su viña diera buenas uvas, pero la viña dio uvas agrias. Ahora bien habitantes de Jerusalén y gente de Judá, yo les ruego, sean jueces entre mi viña y yo. ¿Qué más pude hacer por mi viña, que yo no lo hiciera? ¿Por qué cuando yo esperaba que diera uvas buenas, las dio agrias?”.

En este texto que acabo de expresar, se condensa la historia del pueblo escogido por Dios: Israel, en el cual puso Dios su elección, su Testamento o pacto de amor y bendiciones… pero se portó mal, olvidándose de Dios, de sus beneficios y cuidados como dueño de su viña y pecó en contra de los designios divinos dándose a la idolatría y a la infidelidad.

Por eso habla Dios que Israel, su heredad, sería castigado y daría su viña a otros pueblos que lo amaran y obedecieran sus mandatos en la fidelidad y el amor. De esta manera, se anuncia la revelación acerca de la nueva viña de Dios en el Nuevo Testamento.

En el texto de San Mateo, se nos enseña cómo Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo la parábola de la viña, que nos expresa cómo de acuerdo a la profecía de Isaías, un propietario plantó su viñedo y puso todos sus cuidados para que al contratar viñadores que la cuidaran y en su momento le dieran los frutos oportunos y maduros.

Pero al enviarles criados a los cuales debían dar cuenta de los trabajos y de los frutos del viñedo, a unos los maltrataron e incluso mataron. Constatando todo esto el dueño del viñedo, pensó que enviando a su hijo sí lo respetarían… desgraciadamente no fue así.

Cuando lo viñadores perversos y homicidas vieron llegar al hijo del dueño de la viña, inmediatamente pensaron en insultarlo, y luego matarlo fuera del viñedo para apropiarse de la heredad del amo.

Esta parábola nos descubre de qué manera Israel rechazó a los profetas que anunciaban la llegada del Mesías, como salvador del mundo y palabra definitiva del Padre. Y también el deicidio que cometieron con el Hijo de Dios hecho hombre.

Los cristianos, el nuevo pueblo de Dios y heredad suya como el viñedo de salvación y redención

Fuera del viñedo de Dios que es la Iglesia como nuevo pueblo, no hay salvación para el tiempo y la eternidad. Por esto, el Padre eterno constantemente nos ama y perdona.

Espera siempre, de parte nuestra, que demos con nuestras vidas y obras, iluminadas por el evangelio y la gracia del Señor, uvas sazonadas y abundantes como signo de redención, liberación del pecado y el amor hecho servicio para con el mismo Dios y para con nuestros hermanos.

Que de ninguna manera seamos trabajadores de su viñedo con acciones homicidas y egoístas, cerrándonos a la conversión continua para recibir la fecundidad de su amor y perdón misericordiosos.

Conclusión

Demos gracias a nuestro Padre Dios, quien nos ama con la entrega de su Hijo hecho hombre e inmolado en el ara de la Cruz y con el sello del Espíritu Santo, porque nos ha hecho sus viñadores con verdadero amor al trabajar en la Iglesia y colaborando con Cristo, para nuestra propia santificación y salvación para todos los hermanos, en comunión plena de solidaridad y entrega generosa en las familias y en todas las relaciones humanas, llenas de amor y servicio para siempre y en todo momento de nuestra existencia, en la espera de nuestro encuentro definitivo con Dios y nuestros semejantes, llenos de frutos buenos y abundantes para recibir la recompensa del cielo.

*Obispo emérito de Zacatecas