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El Día del Señor
La corrección fraterna, manifestación de la madurez en la caridad
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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10 de Septiembre del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Hoy nuestra liturgia eucarística dominical, en el evangelio de San Mateo, nos presenta para nuestra homilía, el tema de: “La corrección fraterna”. Tengamos muy en cuenta que esta corrección fue practicada en los primeros seis siglos de la historia de la Iglesia fundada por Cristo.

En ese tiempo, las comunidades cristianas se fueron poco a poco consolidando y en el contexto socio- cultural y religioso de su identidad, se iban estrechando también las relaciones de cada cristiano con los demás, con espíritu de ir adquiriendo una corresponsabilidad de ver por los que eran adoctrinados en la fe cristiana; pero también la solicitud de ver y actuar con caridad, bien entendida y practicada, por el bien de los pecadores públicos, quienes,  mediante la corrección fraterna en lo individual y en lo comunitario y confiando en la gracia y enseñanza de Cristo, eran objeto de socorro, piedad y misericordia.

Este tema y la manera cómo se llegó a practicar en las comunidades cristianas de aquel tiempo, para nuestras culturas actuales que se caracterizan por su acento individualista, requiere de oportunas y adecuadas acomodaciones pastorales, para que sea posible con la gracia de Dios operada por Cristo y con la asistencia imprescindible del Espíritu Santo, gran autor y promotor del exquisito amor cristiano.

LA CORRECCIÓN FRATERNA

Se expresa en el texto de San Mateo como lectura evangélica que hoy estamos proclamando y asimilando. En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos de qué manera y con qué pasos habría de realizarse esta corrección: 1º- Hablar con el hermano pecador público para que si escucha se habrá salvado con la gracia y el perdón divinos y quien corrige habrá colaborado en esa salvación de manera positiva. 2º-. Si no hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. 3º-.Pero si ni así hace caso, díselo a la comunidad. 4º- Y si ni a la comunidad hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Estos pasos de la corrección fraterna que el mismo Jesús enseñó, deben practicarse con auténtica y madura caridad, por esto, con prudencia, sabiduría y profundo respeto, sin violentar la situación, ya de suyo difícil, para el pobre pecador, puesto en evidencia por su mismo pecado público. Este modo de proceder tan delicado y sabio, necesita de quien corrige madurez humana y cristiana y con una humildad muy verdadera para nunca y ni por otro motivo lastimar la conciencia y la integridad de la persona pecadora a quien se quiere salvar con el favor y la asistencia divinos.

LA CORRECCIÓN FRATERNA EN LA POLICULTURA DEL MUNDO DE HOY

Cristo al presentarnos la corrección fraterna, tuvo en cuenta las circunstancias sociales propias de su tiempo, pero el espíritu de esta corrección permanece siempre, de generación en generación. Hago notar que el modo de ser tan personal de cada persona y por las tendencias que los hombres tenemos a ser siempre considerados e intocables en nuestra intimidad de conciencia y porque también la soberbia impide la más mínima llamada de atención correctiva, hacen muy difícil y por no decir muchas veces imposible la corrección fraterna.

Si consideramos siquiera el ámbito de las familias, podemos decir que es un hecho de experiencia que la corrección fraterna, será fácil y eficaz, cuando existe un clima de amor, confianza, delicadeza y respeto para todos y cada una de las personas que forman el núcleo familiar y esto hace posible que el hermano acepte ser corregido porque su vida nace, crece y se perfecciona sabiéndose amado y verdaderamente comprendido en sus valores propios y en conocer y aceptar con humildad sus defectos y fallas para trascenderlos, mejorando su modo de ser con la ayuda adecuada de sus semejantes, especialmente los padres y miembros mayores de cada familia. Pero debemos decir, que la corrección fraterna se hace imposible, cuando la comunión de verdadero amor está ausente.

Concluyo este tema tan delicado, sugiriendo que los cristianos en nuestros ambientes y familias; en nuestras parroquias, hemos de aplicarnos tenazmente a crear ambientes cordiales, cálidos, confiados, tolerantes y comprensivos en los grupos, movimientos y en nuestras liturgias, especialmente la Eucaristía. Y a este propósito subrayo la intención de oración del Papa Francisco para este mes de septiembre: “Por nuestras parroquias, para que, animadas por un espíritu misionero, sean lugares de transmisión de la fe y testimonio de la caridad”.

Que nuestras parroquias sean siempre impulsadas por el Espíritu Santo y sean foco de la fe, gozosa esperanza y ardiente amor-caridad. Y que también los movimientos eclesiales que hay en ellas, den ejemplo de amor a Dios y al prójimo y que, desde luego, los sacramentos y especialmente la Eucaristía, sean el motor de la vida familiar de nuestras parroquias, para que sean centros vivos de auténtico cristianismo.

He aquí los ambientes favorables para la corrección fraterna en el camino de querer alcanzar la santidad de vida cristiana: “Ustedes sean perfectos como su Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48), dice Jesús.