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El Día del Señor
El amor del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
11 de Junio del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / Dios es, ante todo, amor paterno, filial y espiritual.

Introducción

El domingo anterior hemos celebrado la Solemnidad de Pentecostés, terminándose con ella el tiempo pascual. 

Ahora, con la presente celebración, dedicada a adorar a la Santa Trinidad, damos continuidad al tiempo ordinario, precisamente con esta solemnidad, que nos hace pensar, reflexionar y asimilar el misterio de Dios que se nos ha revelado por Cristo y con el sello y la sabiduría del Espíritu Santo.

Los invito a que con verdadero sentido de oración como diálogo de todos y cada uno de nosotros con nuestro Dios, con su gracia, nos ayude a aumentar e iluminar nuestra fe, nuestra esperanza y amor a Él, al hacer presente y al renovar nuestra consagración bautismal, realizada desde ayer, hoy, mañana y para la eternidad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Creemos en el amor divino y vivimos por él, por él y en él 

Siguiendo la enseñanza de San Juan en su primera carta, afirmamos solemnemente, que Dios es ante todo AMOR. Amor paterno, filial y espiritual, de acuerdo a la revelación divina y como verdad fundamental y dogmática de nuestra religión cristiana y católica.

Nos preguntamos ahora en nuestra homilía: ¿En qué consiste y cómo es este Amor?. Daremos respuesta a estos interrogantes esenciales en nuestras vidas de cristianos con la ayuda de la gracia y sin agotar, desde luego, el conocimiento absoluto y perfecto del misterio trinitario en la unidad absoluta del ser  de Dios, único y verdadero:

+  Es un amor uno y trino en sus personas (Padre, Hijo y Espíritu Santo) en comunión familiar entre sí. Es un amor en su unidad y en su diversidad o si queremos también, unión en la diversidad, sin romperse en el fondo del ser divino.

+  Es amor del todo gratuito. Nosotros los hombres, no podemos hacer nada para que Él nos ame. Él es pura gracia y su amor antecedente a la creación y al estado de gracia nuestro, es sin condiciones.

Se nos da sin merecimientos propios de nuestra parte, tal y como absolutamente es.

+  Es total de una sola vez y para siempre.

+  Es liberador, porque es un Amor que salva y que da vida en abundancia.

+  Es libre. Dios nos ama en libertad y no por ninguna obligación y  respeta nuestra libertad con la cual nos creó a  su imagen y semejanza. Podemos aceptar o rechazar ese amor que se nos da gratuitamente como don o regalo y no por nuestros merecimientos.

+  Es revelador. Nos descubre quiénes somos: hijos adoptivos muy amados, creados, llamados a ser como su Hijo Jesucristo y habitados por el Espíritu Santo al ser bautizados para el tiempo y para la eternidad.

+  Es un gran misterio que rebasa todas las posibilidades y expectativas nuestras y por esto mismo, es en su ser y vida  absolutamente trascendente y  los hombres y mujeres, nunca acabaremos de entenderlo y nos pueden asaltar dudas y hasta negar su existencia, como constatamos con el ateísmo de muchos que no lo aceptan y ni creen en Él para obtener su salvación.

+  Amor sin acepción de personas y que nos abriga y nos acoge, nos abraza y nos sostiene a cada paso de nuestra existencia para que  alcancemos y contemplemos su presencia para toda la eternidad gozosa del cielo.

+  Amor sabio, misericordioso y que nos da la paz y la seguridad de su perdón, si nos arrepentimos de nuestros pecados y confiamos en su bondad infinita y reconfortante.

Conclusión exhorativa

¡Hermanos y hermanas, he aquí  esbozado el amor de Dios en tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo! Con este amor que el Padre nos ha dado por su Hijo hecho hombre de acuerdo a las palabras de la Escritura: ¡tanto amó Dios a los hombres y al mundo, que nos ha dado a su Hijo muy amado para que por Él, con Él y en Él vivamos con la energía omnipotente y sapientísima de su Espíritu Santo.

¡Ahora, nos quedamos sin palabras ante el misterio de Dios, Uno y Trino y que donde mueren  nuestras palabras, surja el canto de amor, alabanza, adoración, propiciación e impetración a este Señor muy nuestro, dueño de nuestras vidas y remunerador de nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor a Él y a los hermanos, en comunión fraterna y gozosa.

Que Él sostiene y alienta con su poder y benevolencia infinitas!

Obispo emérito de Zacatecas