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Cosas de Jerez
Pláticas de antaño: a propósito de gasolinazos y tambien del agua potable
Javier Torres Valdez
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23 de Enero del 2017 18:51 hrs
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Liga Corta




El primer precio que recuerdo que tuvo la gasolina, fue de 37 centavos el litro, fue en el año de 1945, recién terminada la segunda guerra mundial, evento bélico en el que se inmiscuyó a México, por obra y gracia del vecino del norte.
Había entonces dos gasolineras, una propiedad de Don Isidro de Santiago y la otra propiedad de don Benjamín Quezada, aunque debe mencionarse que también don Antonio Enciso vendía gasolina, solo que la despachaba en un largo bote que tenía marcas para los 5, los 10, los 15 y los 20 litros.
Don Isidro y Don Benjamín, en cambio, la despachaban bombeándola a mano y llenando un depósito de vidrio, que también tenía marcas de cinco en cinco litros, diariamente a las 6 de la tarde se acercaba un camión, propiedad de Don Ezequiel Saldívar, que hacía el recorrido Jerez-Fresnillo, cruzando por una serie de rancherías, pertenecientes a los municipios mencionados.
El viaje a Fresnillo, se hacía en cuatro horas, en tiempo de lluvias en cinco y cuando llovía torrencialmente se suspendía el servicio, otros clientes de las gasolineras mencionadas lo eran don Cayetano y Don Manuel Román, el primero de ellos, propietario de un cine ambulante, mientras que Don Manuel era boticario, al igual que don Daniel Román y el padre de un joven conocido como  el “chino Escobedo”, Eran pocos los clientes que tenían esos expendios de combustible, pues pocos eran los que tenían auto y podían contarse con los dedos de la mano, entre ellos también estaba, el recién desempacado de la Universidad, Dr. Francisco Eduardo Varela y la farmacéutica Nina Lozano y hasta donde recuerdo, la primer persona que tuvo camiones materialistas fué don Margarito Acuña y un señor de nombre Silvestre Reséndiz, que también fué propietario de los baños Jerez, cuando todavía el pueblo no tenía agua entubada.
Esta última persona, instaló una moto-bomba en un pozo, cuya excavación ordenó y construyó un enorme depósito para disponer del agua por gravedad, luego construyó una caldera de leña, para disponer de agua caliente y cuando por lenta combustión de la leña o excesivo gasto del líquido, salía agua fría en los baños ocupados, se escuchaba algún esporádico grito: “Échele un leño don Silvestreeeee....”.
Pasado el tiempo, esos baños siguieron funcionando por muchos años, pero para entonces las calderas fueron de combustible fósil.
Existía la costumbre de que los jerezanos se bañaran los sábados, por esa razón, desde temprana hora, todos los establecimientos de este tipo empezaban a funcionar, entre otros baños que ofrecían agua caliente estaban los de Don José de Lara, los baños de la planta de Don Isidro y años después los Baños Lourdes, propiedad de Don Antonio Reveles y si la memoria me falla, acepto correcciones.
La gente que no tenía dinero, sencillamente, se iba al río, se desnudaba entre los jarales y se metía a la corriente del Río Grande, y cuando no ajustaba ni siquiera para un jabón Lila, se frotaban la piel con hojas de jaral, que bien pudieran haber servido con loción de lavanda.
Aquellos que por su trabajo o por sus hábitos, andaban muy sucios, no solo se restregaban con jaral, sino también con puños de arena escogida, que no estuviera demasiado áspera.
Los más pudorosos, sencillamente ponían al sol, un depósito grande de agua de pozo, sacada con cubeta, la dejaban unas horas y luego en el patio de la casa se bañaban a “jicarazos”.
Los recientes aumentos al precio de la gasolina y del agua, nos hacen recordar aquellos tiempos en que todo era muy barato, pues con lo que hoy se paga por un litro de combustible, en aquellos años hubieran podido comprarse 43 mil 243, más de lo que le cabe a una pipa grande para transportar combustible
Por cierto, alguien me dijo hace apenas unos días que el consumo mínimo por el agua potable, costaba en Calera, 22 pesos, yo no lo puedo creer, pero habré de investigarlo.
En relación al agua potable, debe mencionarse que un bote de veinte litros costaba veinte centavos de los antiguos, así que con los que vale un garrafón se hubieran podido comprar  80 mil botes de aquellos.
Y qué decir de aquellos años, en que para acicalarse el pelo, solo se podía conseguir brillantina Glostora, los más riquillos usaban Varón Dandy o Jockey Club.
Los mejores Zapatos, solo podían conseguirse en La Tenería de Jesús, propiedad de Licha Félix.
Las camisas Medalla y los Pantalones Gacela, se vendían en La Nueva Perlita, propiedad de Don Pablo Torres y Angelita Valdez.
Y si hablamos de calzones, debemos mencionar que más de un cincuenta por ciento, los usaba de manta del 80, en en vez de botones eran cordones, para podérselos fajar.
Y si alguna vez dijimos que a los jerezanos les faltaban calzones, aludiendo a que no protestaban por nada, ahora están demostrando lo contrario, con las protestas por los precios de la gasolina y algunos priístas de abolengo, ya coquetean con los Morenos, pensando en que cuando el río suena: “piedras arrastra”.