Sunday 22 de January de 2017

A su manera 

Raúl Muñoz del Cojo      20 Jan 2017 21:53:44

﷯Siempre que comienzo las líneas para esta columna sabatina, procuro estar lo mejor informado, ser muy preciso y el objetivo al que quiero lograr es que lo hecho sea de su agrado. En esta ocasión el reto va más allá del conocimiento y la investigación, hoy desde el escritorio de mi padre y con la enorme ausencia que esto representa, le relataré lo maravilloso que fue cada momento vivido a su lado.
Comenzando por mi niñez y haciendo un recuento a conciencia, no hay nada más grato que recordar la libertad que siempre me dio para hacer del motel mi patio de juegos, club de amigos, sala de fiestas, taller mecánico, salón de experimentos, pista de patines, bicicleta y mil cosas más. De hecho, platicando con mis amigos y algunos de mis primos, seguimos sin entender por qué nos permitió hacer tantas cosas. 
No había sábado que se fuera sin poner mi bicicleta en la camioneta y pasáramos por alguno de mis cuates como el decía. Al final del día siempre hubo algo más, la recompensa de la ardua jornada recreativa era una deliciosa torta de frijoles o un chocomilk preparado en esta su casa. 
No se cuántos rines de bicicleta y llantas tuvo que reponer a la gente que venía a trabajar. Si por algo mi vehículo no venía o estaba castigado, siempre había uno aquí que sustituía al dejado en casa. Le confieso que la gente que trabajaba con nosotros no sabía qué hacer, una opción era por voluntad prestarme la bicicleta o la otra, encadenarla para que no la tomara. Si estaban bajo llave, les quitaba los pivotes de las llantas para que se les fuera el aire, la realidad es que yo no daba opción. 
Si la pubertad y adolescencia son complicadas para los adultos, imagine usted a mi padre lidiando con su hijo y amigos en su lugar de trabajo; era siempre un reto bajar al comedor montado en las bicicletas, dar la vuelta a las mesas de trabajo en la cocina y salir por la puerta de servicio. Si bien la llamada de atención venía después, la aventura vivida era simplemente inolvidable, ese ejercicio se hacía muy seguido en nuestras instalaciones. 
Las azoteas de las habitaciones o la cocina siempre fueron cómplices del lanzamiento de huevos,  agua o pedazos de papel mojado a quien pasara por el lugar, el juego finalizaba con el justo reclamo de los colaboradores amenazando con dar la queja a mi padre. Imposible recordar cuántas veces me llevó a que mi tío, el doctor Efrén Correa Magallanes o Pancho su hijo, curaran un raspón, herida o fractura. 
Para la preparatoria y universidad no puede haber tenido mejor cómplice, en mi memoria no existe un no como respuesta a cualquier solicitud de lo que fuera, bendita época en que los celulares no nos tenían controlados. Siempre se enteró después de días a los lugares que me fui sin permiso, su reacción y regaño siempre fue un “ya ni la friegas”. 
Logré ingresar y terminar mi maestría por él ya que era algo que no quería hacer. A la fecha sigo sin creer que me insistiera tanto para culminarla, siempre con palabras de apoyo, siempre presente, siempre inquieto porque diera más de mí, porque aprendiera más. Sus palabras por lo regular fueron las mismas, lo que aprendas en tus estudios es lo único seguro que te puedo dejar, aprovéchalo. 
Como buen hotelero, nuestras vacaciones eran a lugares a donde se pudiera aprender algo. La entrada e inspección de habitaciones en cada salida le ponían la sal y pimienta al  destino visitado, siempre había algo que se pudiera aplicar con nosotros, algo que se podía aprender y ponernos en una mejor posición. El llegar a un hotel y ver debajo de las camas o abrir cajones para ver si la camarista había hecho un buen trabajo es algo que por reflejo sigo haciendo hasta la fecha. 
Si le hablo de su forma de ser, solo le puedo decir que no hubo nadie a quien no atendiera, siempre estuvo abierta la puerta de su oficina para proveedores, amigos, visitantes y personas que necesitaban algo. No había para los tiempos difíciles, siempre su posición fue ayudar a quien se lo pidiera porque como me decía, siempre hay alguien más amolado que nosotros. 
Al calificar su calidad humana, las palabras que lo describen son muy sencillas, excelente hijo, padre, hermano y esposo. 
Como verá, su ausencia deja un vacío muy grande en nuestras vidas y una enorme responsabilidad en nuestras manos. ¿Cómo no agradecerle a Dios la fortuna de disfrutarlo por todos estos años? Gracias papá por hacerme un hombre de bien y sacar de mi esa vocación hotelera, gracias por tus consejos, gracias por no poner límites, gracias por tu cariño y todo lo demás, tu ejemplo estará siempre presente. A ti que supiste vivir a tu manera y disfrutar los sinsabores de la vida siempre mil gracias. 
Asimismo quiero agradecer a todas las personas que nos mostraron su cariño en estos momentos insuperables y corroborarles que ese sembradío de amistades y cariño que mi padre cultivo por 77 años dio una magnifica cosecha este miércoles pasado. A todos ustedes mil gracias y a ti padre, solo me resta decirte hasta siempre, que bonito fue estar contigo y disfrutar la vida a tu manera. 







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Raúl Muñoz del Cojo
Empresario zacatecano originario del municipio de Fresnillo, actualmente es presidente de la Asociación de Hoteles y Moteles del Estado de Zacatecas (AHMEZ). Especialista en temas turísticos y colaborador de Imagen, es un asiduo viajero, incansable trotamundos y enamorado de las bellezas que ofrece Zacatecas como destino. Twitter: @rmunozc1970
rmunozc1970@hotmail.com
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