Tuesday 28 de February de 2017

Festejo estudiantil

Huberto Meléndez Martínez      27 Feb 2017 23:11:13

Dedicado a la Profra. Martha Leticia Gallo y al Profr. Cándido Vázquez, trabajadores y solidarios.

Estaban realizados los preparativos para el festejo del Día del Estudiante. El salón ejidal había sido conseguido con oportunidad, las muchachas de la secundaria lo asearon con esmero por la tarde y, con la ayuda de sus compañeros, colgaron algunos adornos en hilos, atados a sus extremos, con clavos colocados en las cuatro esquinas del recinto.
Se les había dificultado localizar al director de la escuela para informarle con anticipación, sobre las actividades a realizar, así como obtener su anuencia del programa.
La atención a su grupo de primaria, las clases de la secundaria y las responsabilidades de la dirección de la institución, había mantenido incomunicado al maestro, a pesar de ser una escuela pequeña.
Él había ideado un evento distinto a la tradición estudiantil, con una agenda que involucrara la participación de la totalidad de aquella comunidad educativa, para fomentar las relaciones interpersonales, animar a los de primer grado (generalmente más cohibidos), y donde los estudiantes asumirían varios retos a su capacidad creativa y de invención, complementada con juegos, competencias, concursos, acertijos, adivinanzas y dinámicas grupales. Días antes había comentado sobre ese formato de festejo, con los maestros de biología y matemáticas.
Pretendía motivar la celebración, distinta a la costumbre de sólo festejar con un baile. Sabía que sólo un pequeño número de muchachos se animaban a invitar a bailar a las alumnas, éstas, sabiendo de la timidez de sus compañeros, hacían parejas o grupos entre ellas, intentando motivar a los muchachos para entrar al baile.
La madurez de las alumnas siempre es diferente y superior a la de las de los varones. Mientras ellas esperaban ser invitadas a bailar, los adolescentes no lograban abandonar sus miedos y las costumbres de la infancia, preferían estar expectantes, conversar entre ellos, intercambiar opiniones sobre los jóvenes de tercer grado (que son más audaces y empiezan a bailar), recordar sus juegos, etc. El interés por las chicas era aún incipiente.
Llegó repentinamente el joven director y pocos se percataron de su presencia. El volumen del sonido era ensordecedor y mandó apagarlo, ¿por qué a los jóvenes les gusta la música estruendosa?. Hecho el silencio ordenó prescindir del aparato de sonido. Muy a su pesar, Antonia, la alumna organizadora voluntaria del evento, quedó sorprendida, con semblante de molestia, pero no se animó a contravenir la orden del maestro. Conservó sus reclamos por un principio de autoridad, adquirido en su formación familiar.
Permeó un ambiente pesado, incómodo para las partes, perceptibles los bandos de aprobación y desaprobación por la suspensión de la música, entre alumnos y  los pocos profesores presentes, los cuales iniciaron las actividades previstas con anticipación.
El maestro se retiró minutos después, lamentando la falta de una comunicación oportuna, entre él y sus alumnos. Por fortuna aquellos muchachos tuvieron evidencia del proceder bien intencionado de su maestro, porque conocieron un actuar decidido y prudente en otros asuntos de aquella naciente comunidad escolar. 







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Huberto Meléndez Martínez
Presidente nacional de la ANPM. Colaborador de Opinión
huberto3@gmail.com
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