Sunday 22 de January de 2017

La epidemia que afectó Zacatecas en 1629

Manuel González Ramírez      17 Jan 2017 22:29:05

“Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse.”

 
Francois de la Rochefoucauld (1613-1680).
Escritor francés.

Uno de los principales problemas de salud a los que se enfrentó la sociedad zacatecana de los siglos 16 y 17, no solo fue la llegada de las epidemias sino la ignorancia de cómo enfrentarlas.

Por lo general, atribuían estos males a su mal comportamiento y al consiguiente castigo divino. Y lo peor del asunto, es que pretendían solucionarlo con fe y manifestaciones exteriores de religiosidad popular.

En lugar de buscar respuestas en las ciencias de la salud que, dicho sea de paso, no estaban muy avanzadas en esa época pero ofrecían algunas alternativas más efectivas. A continuación les vamos a narrar el caso de la epidemia que azotó la ciudad de Zacatecas hace casi 400 años.

La información la obtuvimos del denominado Tercer libro de actas de cabildo de la Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas. En el folio número 200, nos encontramos asentada el acta de la sesión de cabildo que se llevó a cabo el 14 de mayo de 1629… una página que contiene dramáticos recuerdos para los habitantes de Zacatecas.

Ese día se reunieron en la sala capitular los integrantes del cabildo, justicia y regimiento de la ciudad que a la sazón eran: Don Juan de Medrano, teniente de corregidor; Antonio León Covarrubias, alguacil mayor; Lorenzo Tostado, alférez real, y Pedro de Enciso, regidor.

También invitaron a los licenciados Diego de Herrera y Arteaga y Francisco de Alvarado, cura y vicario de esta dicha ciudad, respectivamente.

De tal suerte que estaban congregadas las autoridades civiles y religiosas de este mineral. En el seno de la reunión se puso de manifiesto su gran preocupación por el vecindario que sufría los estragos de unas enfermedades contagiosas y que estaban acabando con la vida de muchas personas de todas las condiciones sociales: Españoles, negros, indios y mulatos.

Y por si fuera poco, la sequía estaba contribuyendo a empeorar las circunstancias, ya que un gran número de animales estaban muriendo por la falta de agua. Los personajes ahí reunidos llegaron a la conclusión de que todo esto estaba ocurriendo por tanta ofensa que se profería al Creador.

En el acta lo expresan así: “Y todos estos azotes envía nuestro Señor por nuestros pecados”. Y más adelante determinan que es necesario realizar “Demostraciones exteriores e interiores” para pedir la misericordia de Dios. 

Para tal efecto, realizarían una procesión el viernes primero de junio por las calles de la ciudad. Sería una procesión general de sangre en la que sacarían la imagen del Santo Cristo de la Parroquia.

Saldrían de la parroquia mayor (situada en el mismo sitio que hoy ocupa la catedral) para luego hacer un recorrido por donde estaban algunos templos, es decir, pasarían por Santo Domingo (por el rumbo del templo de san Juan de Dios), el hospital, San Agustín, la Compañía de Jesús (hoy conocido como Santo Domingo), San Francisco y retornarían al punto de partida donde se llevaría a cabo la ceremonia religiosa de “curación”. 

La muy venerada y milagrosa imagen del Santo Cristo de la Parroquia sería llevada con el mayor “Ornato que se pueda”, y la procesión sería encabezada por el estandarte que llevaría el alguacil mayor. 

Y para que quedara claro… los únicos que iba a dar órdenes en la procesión eran los miembros del
ayuntamiento “Sin que se entremeta otra persona alguna”.

Además se pediría limosna para esta celebración y durante ocho días se celebrarían misas cantadas en el altar del Santo Cristo “Con rogativa por la salud y temporales, y por estas misas no se ha de pagar limosna alguna”.

Se designó al padre jesuita Andrés López para que pronunciara el sermón que habría de predicarse el día de la procesión.

La sesión concluyó con el acuerdo unánime de los integrantes del cabildo de que se pregonara por las calles de la ciudad lo que se había dispuesto para desagraviar a Dios por tanto pecado cometido por los habitantes de Zacatecas y pedirle clemencia para cesen los castigos que les había enviado.

Además, en el pregón se invitaba a que todo mundo asistiera a la procesión pero que procuraran ir confesados y comulgados.

En el documento no se habla del tipo de enfermedades que cegaron la vida de muchos zacatecanos ni de los síntomas de los contagiados.

Tampoco se habla de algún tipo de medidas sanitarias para evitar el avance de la epidemia. De lo único que nos dan cuenta es de los recursos de carácter religioso para solucionar el problema que los aquejaba.

*Cronista de Zacatecas








Compartir:
Manuel González Ramírez

cronicazac@gmail.com
Artículos anteriores:
El título de Ciudad que se otorgó a la Villa de Juchipila
Leyenda del obispo Mendiola 
Pedro Vélez, un zacatecano insigne
La catedral de Zacatecas y dos de sus leyendas
Raúl Toledo Farías, esclarecido defensor del patrimonio cultural



Lo más leído
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 21.57
Venta 22.07
€uro
Compra 23.10
Venta 23.6

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad